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Bolivia decide
con quién de
sus vecinos comparte
el millonario negocio de la exportación de gas
natural
En
el corazón de Sudamérica desde 1879, Bolivia
se encuentra sometida a una serie de presiones para
elegir un puerto -y en alguna medida un socio-,
de Perú o de Chile, por donde exportar el gas
natural a Estados Unidos y México, lo
cual significa dar parte de un negocio varias veces
millonario y, eventualmente, una salida al mar, entre
otras, de connotaciones históricas y reivindicatorias.
Poseedora
de la más importante reserva de gas de Sudamérica,
la otrora fuente de oro imperial como fue Potosí,
se prepara lentamente para adoptar una decisión
tras escuchar los planteamientos de sus vecinos con
costas en el Pacífico.
La determinación del gobierno del presidente
conservador Jorge Quiroga, cuyo mandato termina el 6
de agosto próximo, debe salir de un marco político
que oscila entre la historia de una tortuosa relación
con Chile -a cuyas manos Bolivia perdió
su litoral tras una guerra a fines del siglo XIX-,
y la de un fraternal intercambio con Perú, con
el horizonte de factibilidad del millonario negocio
energético.
En esta puja por un negocio que moverá entre
cinco y siete mil millones de dólares y que dejará
en el puerto elegido una inversión que orilla
los 2.500 millones de dólares, Perú ha
tomado la delantera en virtud a las históricas
relaciones que mantiene con La Paz, reflejadas por la
visita de estado que a principios de año realizó
a Bolivia el presidente Alejandro Toledo.
Lima ha otorgado prerrogativas plenas a su meridional
municipio de Ilo para ofrecer al país mediterráneo
y productor de gas, un puerto de uso exclusivo por 99
años renovables. Decidido a superar cualquier
planteamiento, Ilo ofreció "una
zona otorgada a título gratuito, sin contratos
de arrendamiento, ni canje territorial, ni arreglo comercial
de ninguna clase".
Con la clara desventaja que marca la ausencia de relaciones
diplomáticas con La Paz desde 1978 y un secular
diferendo marítimo, Chile alista una propuesta
que será incluso perfeccionada por el mismo presidente
Ricardo Lagos.
Después de que técnicos bolivianos
han escuchado por separado a sus pares de Perú
y Chile sobre las conveniencias de exportar el gas por
sus respectivos países, el socialdemócrata
Lagos sorprendió al asistir a los funerales del
ex dictador y ex presidente boliviano Hugo Banzer. Criticada
en Chile, el palacio de La Moneda precisó que
la visita fue "un gesto de Estado" en momentos
en que se decide la suerte del millonario negocio.
Mientras se escuchan voces que hablan de un
"plebiscito" y que piden "sabiduría"
a Quiroga para una elección del puerto
"históricamente correcta"
-bajo consideraciones geopolíticas y económicas-,
La Paz abrió un tiempo de valoración.
"Próximamente se reunirá el equipo
para tener una primera evaluación de la información
proporcionada y ver, en consecuencia, qué elementos
es necesario esclarecer para tomar una resolución",
afirmó el canciller Gustavo Fernández.
Pese
a que el país se encuentra inmerso en un proceso
electoral, que designará presidente, vicepresidente
y 157 congresistas, el juicio sobre el puerto por el
cual saldrá el gas a mercados de ultramar se
instala poco a poco en el espacio público.
La distancia entre el puerto chileno de Mejillones -emplazado
a 200 km al sur del peruano Ilo- y los inmensos
yacimientos gasíferos del sur boliviano, juega
por ahora a favor de Chile como una ventaja comparativa.
Empero, a medida que el tema se instala en la agenda
y se acerca el día de la sucesión presidencial,
expertos locales afirman que esa ventaja se recorta
por el curso que seguiría en medio de
las montañas andinas el gasoducto hasta Mejillones
y por las 400 millas naúticas que le separan
de Ilo, más al norte y más cerca del mercado
de California.
Pese
a que "Ilo se afirma como la mejor opción",
según el diputado populista Andrés Soliz,
celosos analistas locales miran a los yacimientos peruanos
de Camisea como "una potencial competencia"
para las ventas de gas boliviano.
"Dentro de la lógica elemental, la salida
del gas por Perú es obvia por varias razones"
que se esfumarían si "Chile ofrece
una salida soberana en el Pacífico"
a cambio de que el próspero negocio corra
por Mejillones, según Soliz.
La decisión también depende del inversionista
consorcio Pacific LGN, a cargo del proyecto energético,
integrado por capitales europeos y estadounidenses.
Con 52,3 trillones de pies cúbicos de reservas
probadas, Bolivia está en pos del gigante mercado
norteamericano para colocar su gas. Al tiempo de
concretar el negocio el gobierno de La Paz busca
recuperar la cualidad marítima de Bolivia, perdida
hace más de 120 años en la guerra que
libró contra Chile
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