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Sistemas
fotovoltáicos para energía eléctrica

Celdas
Fotovoltáicas
Las
celdas fotovoltáicas son elementos que producen electricidad
al incidir la luz sobre su superficie. La fuente de luz utilizada
generalmente es el sol, de costo marginal nulo. Estas celdas
también son conocidas como baterías solares,
fotopilas o generadores heliovoltáicos.
Dado
que cada elemento puede generar una cantidad reducida de electricidad,
en sus orígenes se destinaron a alimentar consumos
pequeños con requerimientos particulares, como los
de la exploración espacial. Con el avance tecnológico
este campo se fue ampliando, como se puede ver en detalle
en la bibliografía sugerida al final. Generalmente,
se las agrupa en disposiciones serie-paralelo, formando paneles
solares para aumentar la potencia generada.
La
fiabilidad de las celdas solares es muy grande y no necesitan
mantenimiento. Son bastante insensibles a las variaciones
climáticas y a los agentes atmosféricos, salvo,
los que impiden la llegada de la luz.
Su
desarrollo empezó en el año 1839 cuando Becquerel
descubrió que si se ilumina uno de dos electrodos sumergidos
en un electrolito, aparece entre ambos una diferencia de potencial,
dando lugar al efecto fotovoltáico. En 1876, mientras
Adams y Day se hallaban experimentando con la conductividad
de unas varillas de selenio amorfo embebidas en hierro, descubrieron
que se creaba una diferencia de potencial cuando sus aparatos
eran iluminados.
Por
otra parte, en el año 1873, W. Smith observó
una variación de la capacidad de conducción
del selenio por efecto de la luz. A partir de ese descubrimiento,
denominado efecto fotoconductivo, Siemens construyó
un fotómetro, que contribuyó a la divulgación
del nuevo fenómeno.
En
1887, investigando la descarga eléctrica entre dos
electrodos usada como fuente de ondas electromagnéticas,
Hertz descubrió el efecto fotoeléctrico
externo o fotoemisión, observando que la intensidad
de la descarga aumentaba si radiaba el electrodo positivo
con luz ultravioleta, lo que sugirió que las superficies
iluminadas emitían mas electrones.
Al año siguiente, Hallwachs analizó este
efecto en profundidad y además descubrió que
si radiaba un electrodo negativo no se observaba ninguna variación.
En aquel entonces se utilizaban superficies metálicas
pulidas de selenio policristalino de alto grado de pureza
y doce años después Hallwachs observó
el mismo fenómeno en un semiconductor compuesto por
cobre y óxido cuproso.
Las
experiencias posteriores demostraron que la emisión
electrónica aumenta cuando se aumenta la intensidad
de la radiación que incide sobre la superficie del
metal, ya que hay más energía disponible para
liberar electrones; pero también se observa que depende
en forma característica de la frecuencia de la radiación
incidente y que hay una frecuencia límite por debajo
de la cual no se emiten fotoelectrones por más que
se aumente la intensidad de la radiación.
El
año 1900 Planck desarrolló la teoría
cuántica, que le permitió a Einstein explicar
la fotoemisión en 1905. De manera simplificada, esta
explicación indica:
1
- La luz recibida se debe considerar como una lluvia de
partículas cuánticas (fotones) que transmiten
su energía a los electrones del metal irradiado. Si
la energía que suministran es suficientemente grande
como para que los electrones adquieran una energía
superior a la energía de ligazón de la red cristalina,
se liberan electrones de la estructura atómica y salen
de la superficie del metal.
2
- La energía cuántica depende directamente
de la frecuencia de las ondas luminosas (a través
de la constante de Planck). La intensidad de la luz determina
sólo la cantidad de electrones que se pueden liberar
si los fotones suministran la energía mínima
necesaria para la salida de los electrones.
3
- La carga eléctrica de la placa metálica
expuesta a la radiación luminosa puede facilitar la
salida de los electrones con carga negativa, o dificultar
su salida con carga positiva. La carga positiva aumenta la
atracción entre los electrones y por lo tanto se necesita
una mayor energía para romper la estructura atómica,
mientras que la carga negativa produce el efecto contrario.
La
explicación del efecto fotoeléctrico externo
permitió también explicar el efecto fotoconductivo
y el efecto fotovoltáico. En 1920 Gudden y Pohl
indicaron que en el efecto fotoconductivo, los electrones
excitados permanecen dentro del metal, ocupando las órbitas
externas de los átomos y gozando de mayor libertad,
provocándose así un aumento en la capacidad
de conducción. Por su parte, en el efecto fotovoltáico
los electrones son desplazados a través de una barrera
en el sólido, produciéndose así una diferencia
de potencial.
Elster
y Geitel
crearon la primera célula fotoeléctrica basada
en el efecto fotoeléctrico externo, que se utilizó
en las cámaras de televisión, entre otras aplicaciones.
En cambio, el funcionamiento de los luxímetros, fotómetros
y células solares se basan en los efectos fotoeléctricos
internos.
Los
fotoelementos de selenio se fabricaron en la década
de 1940, alcanzando un rendimiento del 1%. En el año
1948 se produjo un notable avance con el invento del transistor
de germanio y posteriormente el de silicio, que resulta menos
sensible a los cambios de temperatura.
Finalmente
en el año 1954 se inventó la celda fotovoltáica
de silicio, en la que los electrones que se liberan en el
interior de una juntura semiconductora N-P iluminada dan lugar
a una fuerza electromotriz en la misma.
Los
avances tecnológicos más recientes estuvieron
orientados a reducir los costos de las celdas mediante el
uso de distintos materiales como el silicio monocristalino,
policristalino o amorfo, el arseniuro de galio y muchos otros;
y mediante la reducción del volumen de material necesario,
utilizando celdas de capa delgada (0,02 mm - 50 milimicras);
que como son muy elásticas pueden ser enrolladas o
plegadas, pero su rendimiento es menor, como puede verse en
detalle en la bibliografía sugerida al final.
Construcción
y funcionamiento
Las
celdas fotovoltáicas modernas están formadas
generalmente por una juntura semiconductora P-N de silicio
de gran superficie y reducido espesor
(típico: 0,3 mm),
similar a la utilizada en los diodos de estado sólido;
pero cuando la unión P-N se emplea como generador fotovoltáico,
el sentido del flujo de los electrones es opuesto al que se
observa cuando se lo usa como rectificador.
En
la transición entre las capas P y N (capas con dopaje
positivo y negativo respectivamente) se forma por difusión
una capa límite en la que se establece una barrera
de potencial. Para lograr un buen rendimiento energético,
la capa límite debe estar lo más cerca posible
de la superficie expuesta a la luz. La celda se completa mediante
los contactos óhmicos (no rectificadores) en
las capas P y N, de reducida resistencia eléctrica
para no provocar caídas de tensión adicionales.
Se
fabrican celdas solares circulares y rectangulares de cerca
de 100 mm de lado. Estas últimas se emplean cuando
se requiere un óptimo aprovechamiento del espacio,
como en los satélites artificiales; siendo algo más
caras que las otras.
Al
incidir la luz sobre la juntura, una parte de la luz se refleja
(energía perdida)
y la otra penetra en el semiconductor. Los fotones que ingresan
con energía suficiente liberan cada uno un par electrón-hueco.
Los portadores de carga liberados se propagan por el cristal
mediante difusión o bajo la influencia de un campo
eléctrico. Los electrones pueden recombinarse durante
su recorrido, pero si un portador minoritario (electrón
en la zona P, hueco en la zona N)
alcanza la capa límite de la barrera de potencial,
queda atraído por el campo eléctrico de esa
capa y penetra en la región en que son mayoritarios
los portadores de igual signo. Por otro lado, el campo de
la capa límite retiene los portadores mayoritarios
en la región en que han sido liberados.
Cualquiera
sea la región en que queda absorbido el fotón
y liberados los portadores de carga, el efecto fotovoltáico
produce un desplazamiento de portadores que da lugar a una
diferencia de potencial aprovechable de alrededor de 0,5 V
entre los electrodos a circuito abierto. La barrera de potencial
impide que el proceso se revierta, pudiendo existir una pequeña
corriente de fuga. En circuito cerrado la corriente pasa por
la carga del borne P al N, por el exterior de la célula.
Desde
el punto de vista eléctrico, las celdas fotovoltáicas
pueden compararse con los diodos de silicio normales.
Así
la curva tensión-corriente trazada en la oscuridad
(O) resulta igual a la de un diodo ordinario, mientras
que la curva correspondiente a la incidencia sobre la celda
de una determinada iluminación (E), resulta
de la traslación de la curva anterior, proporcional
a la energía luminosa recibida.
Analizando
la curva (E) se ve, que en el primer cuadrante (1),
correspondiente al diodo con polarización directa,
la característica no sale del origen, pues a corriente
nula la tensión en bornes no es cero (Vco).
En
el tercer cuadrante (3), la curva (O) indica
la corriente inversa de fuga en la oscuridad en función
de la tensión inversa, mientras que la curva (E)
da la variación de esa corriente con la iluminación.
Aquí la celda funciona como fotodiodo.
Finalmente,
en el cuarto cuadrante (4), la celda funciona como
generador de energía, siendo la región de trabajo
normal de las celdas fotovoltáicas. En estas condiciones,
la potencia que entrega pasa por un máximo (Pm)
para determinados valores de tensión (Vm) y
corriente (Im), fijados en función de la resistencia
óptima de carga (Rm = Vm / Im).
En
la práctica, las celdas fotovoltáicas trabajan
con dificultad fuera del cuarto cuadrante (4), sobre
todo, la tensión inversa que pueden soportar es pequeña,
lo que obliga a la instalación de un diodo de protección
en serie para prevenir daños.
En
una celda determinada, el rendimiento energético es
función del reparto espectral de los fotones, o sea
que con radiaciones de determinadas longitudes de onda (colores)
proporciona más energía eléctrica que
con otras.
Si
una de las celdas conectadas en serie queda oscurecida, aunque
sea parcialmente, de forma que sólo recibe una parte
de la energía solar que llega a las que la rodean,
sólo podrá generar una corriente limitada. Si
la carga aplicada al panel solar es tal que demanda una corriente
superior a dicha corriente limitada, la celda afectada funcionará
en sentido inverso, lo que provoca su calentamiento y acarrea
un riesgo de ruptura.
Para
solucionar este inconveniente, se limita la tensión
inversa máxima que puede producirse añadiendo
diodos en paralelo, situados habitualmente en la caja de conexiones,
para proteger a las celdas del sobrecalentamiento debido a
sombras parciales en la superficie del panel.
Análogamente,
si una de las celdas conectadas en paralelo queda oscurecida,
aunque sea parcialmente, de forma que sólo recibe una
parte de la energía solar que llega a las que la rodean,
sólo podrá generar una tensión limitada,
menor a las restantes en paralelo. Entonces la celda afectada
funcionará como receptor si la tensión de funcionamiento
se hace superior a la suya a circuito abierto; lo que también
provoca su calentamiento y acarrea un riesgo de ruptura.
Para
solucionar este inconveniente, se añaden diodos anti-retorno,
situados habitualmente en la caja de conexiones, para proteger
a las celdas del sobrecalentamiento debido a sombras parciales
en la superficie del panel.
Por
todo lo anterior, resulta evidente que es muy importante que
los paneles no reciban sombras de obstáculos cercanos,
ni hacerse sombra mutuamente en cualquier horario y época
del año.
Características
de empleo

Cuando
se deseen utilizar celdas fotovoltáicas en instalaciones
prácticas, deberán tenerse en cuenta las siguientes
características:
a)
Corriente de cortocircuito Icc: Esta magnitud es la intensidad
que circula con la celda en cortocircuito, con una iluminación
determinada y fija. Su valor es directamente proporcional
a la energía solar recibida, y por lo tanto a la superficie
total y al nivel de iluminación.
b)
Tensión de vacío Vco: Esta magnitud es la
diferencia de potencial entre los bornes de la celda en ausencia
de consumo, con una iluminación fija y a una temperatura
determinada. Su valor depende de la juntura utilizada y varía
muy poco con la intensidad luminosa.
c)
Corriente óptima Im: Esta magnitud es la intensidad
que circula por la celda en el punto de funcionamiento óptimo,
teniendo aplicada una carga Rm de valor óptimo, elegida
de modo de que la potencia eléctrica sea máxima.
d)
Tensión óptima Vm: Esta magnitud es la tensión
que origina la corriente óptima, al ser aplicada sobre
una carga Rm de valor óptimo, elegida de modo de que
la potencia eléctrica sea máxima.
e)
Temperatura límite de funcionamiento: Esta magnitud
ronda los 100 grados centígrados.
f)
Rendimiento h: Esta magnitud es la relación entre
la energía eléctrica entregada y la energía
luminosa recibida. Su valor ronda el 18 %, según la
tecnología constructiva de la celda. Este
bajo rendimiento se explica porque aproximadamente el 57 %
de la energía luminosa se refleja o se transforma en
calor; y del 43 % restante, gran parte se cede nuevamente
en forma de calor.
Para
una aplicación específica, deben consultarse
los gráficos carácterísticos de las celdas
a utilizar, que vienen dados como distintas familias de curvas
en función de la temperatura y de la iluminación
recibida. El examen de estas curvas permite efectuar una selección
adecuada.
Estas
curvas muestran que el calentamiento de las celdas provoca
una disminución de su rendimiento, por lo que se deben
instalar radiadores de aletas para reducir su temperatura
de trabajo.
La
potencia máxima de la celda se obtiene cuando la luz
incide perpendicularmente a su superficie, por lo que si incide
con un ángulo que no sea recto, la superficie útil
disminuirá en una cantidad proporcional al coseno del
ángulo correspondiente. Por lo tanto resulta importante
la correcta orientación de los paneles, considerando
la posición del sol en las distintas estaciones del
año, de acuerdo a la latitud de la instalación.
El
esquema equivalente de una celda solar tiene en paralelo con
el generador ideal una resistencia Rp que representa la fuga
de corriente en la juntura y también un diodo. En serie
tiene una resistencia Rs que representa las pérdidas
internas de la celda.
Si
bien la energía solar no cuesta nada, su aprovechamiento
presenta algunos inconvenientes, de los cuales los más
importantes son:
I)
La transformación de energía solar en eléctrica
todavía es muy cara.
II)
Las instalaciones de energía solar ocupan grandes superficies
de terreno.
III)
La energía de radiación recibida es reducida,
salvo en las regiones tropicales (depende de la latitud).
IV)
Durante la noche y cuando está nublado, los rayos
solares quedan anulados o atenuados.
Por
lo tanto, las instalaciones generadoras requieren que las
celdas solares vayan acompañadas de acumuladores, para
cubrir la demanda durante los períodos de ausencia
de sol.
En general, una instalación de generación
solar típica tiene los siguientes componentes:
1)
Paneles solares.
2)
Reguladores de tensión.
3)
Desconectadores de descarga.
4)
Acumuladores.
5)
Convertidores CC/CA.
6)
Concentradores luminosos.
7)
Accesorios.
Los paneles solares están formados por una gran cantidad
de celdas fotovoltáicas conectadas en serie-paralelo
para aumentar la tensión y la corriente que pueden
entregar, encapsuladas con polímeros resistentes a
la radiación ultravioleta y montadas tras una superficie
de vidrio especial que brinda protección contra la
polución ambiental y contra los cambios bruscos del
clima (heladas, lluvias, granizo, etcétera).
Generalmente, la cara posterior de los módulos está
construida con un material de reconocida resistencia a las
condiciones climáticas mas adversas, como por ejemplo
aluminio anodizado, y se sella con silicona para trabajar
adecuadamente a la intemperie.
Los
reguladores de tensión son aparatos diseñados
para la regulación y control de la carga de los acumuladores,
a los que protegen automáticamente contra las sobrecargas.
Los
desconectadores de descarga son aparatos que sirven para controlar
el estado de descarga de los acumuladores, ya que una excesiva
descarga puede provocar daños irreparables al equipo,
en lo que atañe a su vida útil.
Los
acumuladores generalmente son del tipo alcalino, resultando
muy sensibles a la carga excesiva y su vida depende de las
condiciones del mantenimiento.
Los
conversores CC/CA se emplean cuando resulta necesario transformar
la corriente continua generada por las celdas fotovoltáicas
en corriente alterna para los consumos que utilizan ese tipo
de suministro.
Los
concentradores luminosos dirigen la energía solar hacia
la superficie activa de los paneles. Los mismos utilizan lentes
y espejos, y en muchos casos cuentan con sistemas automáticos
para seguir el desplazamiento de la orientación del
sol. Esta concentración mejora el rendimiento de las
celdas, pues permite la utilización de superficies
sensibles menores que las que se necesitarían sin su
instalación, para obtener la misma potencia eléctrica.;
pero también debe tenerse en cuenta que todo sistema
óptico produce una pérdida de luz.
Los
accesorios habituales son los compensadores de temperatura,
los voltímetros y los amperímetros.
La
energía solar media en la Argentina ronda los 500 kJ
/ cm² por año, con picos de 600 - 700 en la región
cordillerana del norte del país y 300-400 en Patagonia.
Bibliografía
sugerida:
F.
Juster: Las células solares Ed. Paraninfo.
C.
C. Cobarg: Energía solar - Bases y aplicaciones
Ed. Paraninfo.
Hans
Rou: Energía solar - Aplicaciones prácticas
Ed. Marcombo.
Juan
de Cusa: Energía Solar para viviendas Ed. CEAC.
Fuente:
Sica
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