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Riesgos
sanitarios y ambientales del transporte
de residuos radiactivos de alta actividad
Por
Dr. Raúl A. Montenegro, Biólogo (*)
1.
El mayor riesgo se daría en el viaje desde Sydney a
los puertos de Buenos Aires o Bahía Blanca, pues el
combustible agotado, que es residuo de alta actividad a concentración
original (HLW), viene en contenedores (obviamente
de seguridad) pero sin vitrificación. La única
barrera que habría entre el residuo radiactivo y el
ambiente es el contenedor. En el viaje de los residuos tratados,
desde Buenos Aires o Bahía Blanca a Sydney, el riesgo
disminuiría (algo), ya que el residuo
radiactivo estaría diluido y vitrificado (LLIL).
El material viene como HLW y regresa como LLIL.
2.
El combustible agotado, residuo radiactivo de alta actividad,
contiene los productos de fisión. Es lo que hay en
el interior de cualquier reactor nuclear, o en las piletas
de enfriamiento de un reactor (gran
cantidad de radioisótopos de distinta vida media).
Los más peligrosos son Cesio 137 (vida
media: 30,1 años),
Estroncio 90 (vida
media: 28,5 años),
Iodo 131 (vida
media: 8,04 días).
También hay Estroncio 89
(vida media 50,5 días),
Rutenio 106 (vida
media: 368 días),
Cesio 134 (vida
media: 2,06 años),
Plutonio 239 (vida
media: 24.390 años, muy tóxico además)
y Criptón 85
(vida media: 10,76 años).
En
general se asume que la riesgosidad de un residuo de alta
actividad se extiende por 1.000 siglos. En cuanto a la riesgosidad
"crítica" de cada radioisótopo
por separado, se estima (con carácter general)
igual a la vida media multiplicada por 10. En el caso del
Cesio 137 sería vida media x 10 = 301 años o
lo que es igual, 3 siglos.
En caso de accidente o de atentado terrorista que como resultado
produjese la ruptura del contenedor, ese residuo de alta actividad
se liberaría al ambiente. Lo peor que puede suceder
durante ese accidente o ataque terrorista es que haya fuego
y corrientes ascendentes de aire caliente que diseminan los
radioisótopos. En general cada envío por barco
será (por su contenido en materiales radiactivos)
un pequeño Chernobyl.
Franck
Barnaby, un especialista en temas nucleares, considera que
el nuevo reactor de Lucas Heights descartaría por año
unos 40 elementos combustibles de uranio-siliciuro.
¿Qué
sucede en el ambiente con estos radioisótopos?.
Ante todo, matan los seres vivos por su descarga de radiación
Gamma (la radiación Gamma penetra los organismos
y sus tejidos dañando todo a su paso). En segundo
lugar, los radioisótopos liberados al ambiente, además
de afectar a los seres vivos con su radiación, ingresan
a las cadenas alimentarias. ¿Porqué?
Porque químicamente hablando el Cesio 137 es muy parecido
al potasio no radiactivo, y el Estroncio 90 al calcio no radiactivo.
De allí que el Cesio 137 tienda a almacenarse en músculo
y el estroncio 90 en hueso. Ambos se "magnifican"
a lo largo de la cadena alimentaria.
Los
materiales radiactivos son peligrosos por su radiación,
que incluye partículas Alfa (de escasa penetración
pero con un enorme contenido de energía), partículas
Beta y rayos Gamma. Los rayos Gamma tienen menos energía
que las partículas Alfa, pero son más penetrantes...
¿Como
actúan en las células vivas?. En primer
lugar, "ionizando" y rompiendo moléculas.
En segundo lugar, y esto es muy importante, en cada célula
que atraviesan generan radicales libres (oxidantes)
en cantidades enormes, y esos radicales libres pueden dañar
las membranas celulares y los códigos genéticos.
Si los que se dañan en los códigos genéticos
de una célula viva son los genes que regulan la división
celular, el resultado es una célula sin freno
(cáncer). Por eso la radiación ionizante
(incluidos los rayos X) es cancerígena.
Desde
los trabajos de Abraham Petkau, de Canadá, se
considera que la radiación es tan peligrosa a altas
dosis como a dosis bajas (precisamente por este efecto
sobre la generación de radicales libres). Biológicamente
no hay ningún nivel seguro de radiación ionizante.
Riesgos
ambientales y sanitarios del centro atómico Ezeiza
3.
Hasta aquí, residuos radiactivos de alta actividad
vienen y van por barco y eventualmente por las rutas de la
provincia de Buenos Aires.
En cuanto al Centro Atómico de Ezeiza, es una
instalación de alto riesgo porque tiene un área
que muy pocos conocen: el "Area Gestión de
Residuos radiactivos", que incluye el peligroso "Depósito
Central de Material Fisionable Especial Irradiado",
donde se almacenan (temporariamente) elementos combustibles
irradiados procedentes de reactores de investigación
y de producción. Este es un gran depósito de
residuos radiactivos de alta actividad (HLW).
Aún
sin los residuos de Australia este depósito es de alto
riesgo. Primero, porque tiene residuos radiactivos de alta
actividad. Segundo, y esto es clave, porque los sistemas de
protección y contención no son tan fuertes como
los de un reactor nuclear.
Los atentados del 11 de septiembre demostraron lo que
puede hacer un Boeing 767. Si se estrellase un Boeing 747
de 397 toneladas de peso con 216.000 litros de combustible,
o un Airbus 380 de 560 toneladas con 310.000 litros de combustible,
o un Boeing 767 de 179 toneladas con 90.700 litros de combustible,
o un Airbus 320 de 77 toneladas de peso con 29.600 litros
de combustible, las estructuras del Centro Atómico
Ezeiza (Depósito Central) serían
rotas y se liberaría el material altamente radiactivo
de ese depósito. El fuego del combustible de los aviones
facilitaría además la dispersión gracias
a las corrientes ascendentes de aire caliente (convectivas).
Ninguna
central nuclear puede resistir el impacto deliberado de un
Boeing 747 o 767 o de un Airbus 380 cargados de combustible.
Los reactores tienen espesores de cemento para resistir el
choque de pequeños aviones, no el choque de grandes
aviones.
La
probabilidad de que un gran avión (mayor de 5,4
toneladas) penetre un cemento de 30,48 centímetros
de espesor es del 100% (penetración plena),
en un cemento de 45,72 centímetros de espesor es del
100% (también penetración plena), en
un cemento de 60,96 centímetros de espesor la probabilidad
de penetración es del 83% y en un cemento de 182,88
centímetros de espesor la probabilidad de penetración
es del 32%. El motivo por el cual los reactores nucleares
(no plantas de tratamiento o retratamiento) no fueron
hechos resistentes para grandes aviones es que los operadores
nucleares consideraron siempre que la posibilidad de ocurrencia
de una caída de avión sobre una central era
tan baja que no compensaba los mayores costos.
David
Kyd,
de la Organismo Internacional de Energía Atómica
(OIEA) con sede en Viena, Austria, expresó:
"Si consideramos el riesgo de un jumbo jet cargado
de combustible, es claro que las plantas de energía
nuclear no fueron concebidas para soportar su impacto".
Esto es una noticia de Associated Press del 17 de Septiembre
de 2001.
Como
el "Depósito Central de Material Fisionable
Especial Irradiado" del Centro Atómico de
Ezeiza tiene mucho menos cemento que el edificio de contención
de un reactor nuclear (como Atucha I o Embalse), las
conclusiones son evidentes. Si una central como Embalse no
puede resistir plenamente el choque intencional de un Boeing
747 cargado con combustible, mucho (muchísimo menos)
podría hacerlo la instalación que hoy tiene
la CNEA para almacenar (transitoriamente) elementos
combustibles agotados. Y el problema es que Ezeiza está
al lado de un Aeropuerto Internacional, esto es, en una zona
donde al riesgo de acto terrorista con avión se agrega
el riesgo de caída accidental de avión (mucho
mayor allí que en la zona de Embalse o de Atucha I).
Ezeiza,
pero con los residuos radiactivos de Australia. Como habría
residuos radiactivos de alta actividad (HLW) agregados
a los que ya hay (que para el 2015 serán muchos
más), el riesgo se incrementa exponencialmente.
Además, al entrar la Argentina en el juego internacional
de tratamiento (y retratamiento), también aumentará
nuestra exposición al terrorismo internacional.
El
viejo reactor nuclear de Lucas Heights en Sydney (el que
pretende reemplazar INVAP) ya estuvo entre los objetivos
de la célula terrorista desbaratada por la policía
de Nueva Zelandia (los datos están en el trabajo
para la Coalición, ver página Web de FUNAM,
www.funam.org.ar).
Ahora
hay otro elemento clave: pasamos a tener un riesgo altísimo,
pero en un país donde los presupuestos para prevención
y control son reducidos, y donde la situación actual
muestra que se reducirán aún más. Esto
agrega un factor adicional de incertidumbre.
Lástima
que las decisiones en este país las tomen personas
que pueden ser muy buenos lobbistas de la tecnología
nuclear, pero que conocen muy poco de riesgos "actualizados"
y mucho menos de efectos biológicos de la radiación
y de los materiales inestables (radiactivos) sobre
las células, los tejidos, los seres vivos en general
y los ecosistemas.
Esto
no es una lucha emotiva sino 1) Técnica y 2) Humana.
Co-organicé la Conferencia Internacional de Víctimas
de la radiación en Berlín, en 1992, y pude estar
en contacto con quienes han sufrido y siguen sufriendo los
efectos de la radiación y los materiales inestables.
Para
tener la dimensión de los riesgos a que expone el Acuerdo
con Australia: en Goiania, Brasil, el 13 de septiembre de
1987 dos personas extrajeron de su bastidor una fuente blindada,
para uso médico, de Cesio 137. La robaron y luego la
desarmaron diseminando su contenido. El tamaño de esa
fuente era equivalente al de unos pocos granos de arroz. Consecuencias:
4 personas murieron, 20 personas fueron hospitalizadas, se
detectó que 85 viviendas estaban muy contaminadas y
se evacuó a 200 personas.
Como
consecuencia del accidente hubo que almacenar 3.500 metros
cúbicos de desechos contaminados radiactivamente en
un depósito transitorio ubicado a 20 kilómetros
de Goiania. No hace falta decirte que lo que está almacenado
"hoy" en Ezeiza supera ampliamente el equivalente
a unos pocos granos de arroz...
(Más datos sobre Goiania en el trabajo del PNUMA
"Salvemos el Planeta. Problemas y esperanzas"
editado en 1992 (Nairobi, Kenya, 218 p.), o a la propia OIEA
(IAEA en inglés): IAEA. 1988. Radiation sources: lessons
from Goiania. IAEA Bulletin, vol. 30, n° 4, p. 10.)
(*)
Presidente de FUNAM. Profesor Titular de Biología
Evolutiva en la Universidad Nacional de Córdoba y Director
de la Maestría en Gestión Ambiental, FICES,
Universidad Nacional de San Luis.
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