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La Comisión Nacional de Energía Atómica no tiene
las condiciones para procesar residuos nucleares

 

 


La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) no tiene las instalaciones ni la tecnología necesarias para procesar la basura nuclear que producirá el reactor nuclear vendido a Australia, y en el supuesto que lo logre, habilitará la posibilidad de que aparezcan contratos similares con otros países, mientras el Parlamento argentino no ha fijado aún una política de manejo de los residuos radiactivos
.


Para el eventual tratamiento tendría que firmarse un nuevo contrato y ello conlleva que la CNEA deberá construir la infraestructura, para lo cual requerirá nuevos fondos del presupuesto nacional. Dichos servicios deberán estar disponibles antes de 2014, fecha probable de envío de los primeros residuos radiactivos australianos.


Así describe la situación actual el biólogo Raúl Montenegro, profesor de Biología Evolutiva Humana en la Universidad Nacional de Córdoba y presidente de la Fundación para la Defensa del Ambiente (FUNAM) de esa ciudad, en una nota dirigida a la Cámara de Diputados de la Nación, en momentos en que ese cuerpo legislativo se enfrenta a la toma de una decisión sobre el convenio de cooperación nuclear con Australia, el que fue declarado en más una oportunidad como violatorio de la Constitución Nacional.


Los conceptos expuestos arriba coinciden con lo expresado hace un año por el embajador Raúl Estrada Oyuela, titular del departamento de Asuntos Ambientales de la Cancillería, al ser consultado por EL GLOBO sobre el mismo tema. (Ver nota aparte)


Montenegro recuerda que la CNEA no está en condiciones de afrontar el tratamiento de la basura nuclear australiana porque ni siquiera ha podido abordar el tratamiento de los residuos que ella misma produce en la Argentina.


Y puntualiza:


a) “La CNEA no ha remediado como debía las minas de uranio de San Rafael y Malargüe en Mendoza, ni la de Los Gigantes en Córdoba. El desmanejo ambiental de estas minas es de tal envergadura, que en Córdoba por ejemplo el organismo trata de obtener un permiso del gobierno para poder descargar 20.000 metros cúbicos de líquidos residuales al arroyo Cajón, afluente del San Antonio. Vecinos y organizaciones del Valle de Punilla se han movilizado, y no permitirán que la CNEA afecte el río que pasa por la ciudad de Villa Carlos Paz. En San Rafael, por ejemplo, existe una masiva oposición de la comunidad y de los productores a la reapertura de la mina de Sierra Pintada. Recién en 2003 la comunidad pudo conocer que la mina no había sido remediada, que albergaba enormes volúmenes de líquidos contaminados y que sectores de las membranas de su gran dique estan rotos.


b) “La CNEA y Dioxitek S.A. tienen almacenadas más de 36.000 toneladas de residuos de uranio de baja radiactividad en un barrio densamente poblado de la ciudad de Córdoba, donde fueron colocados sin tratamiento previo y sin membranas. Es uno de los pocos casos en el mundo en que una planta para fabricar dióxido de uranio enterró sus residuos en un barrio densamente poblado (La Fraternidad, Alta Córdoba). Actualmente no hay recursos ni proyectos inmediatos para solucionar este problema extremadamente grave. Lo que es más, CNEA pretende trasladar la fábrica de dióxido de uranio a San Rafael (donde la comunidad tampoco la quiere) sin haber tratado previamente el enorme basural de uranio que yace en barrio La Fraternidad.


c) “La CNEA tampoco ha logrado una remediación absoluta y prolija de las minas de Pichiñán en Chubut, Tonco en Salta, Malargüe en Mendoza (donde recién este año comenzó a abordarse la remediación), La Estela en San Luis, y Los Colorados en La Rioja. En octubre de 2002 Ulises Naranjo, del diario Uno de Mendoza escribía: “a pocos metros de la plaza departamental de Malargüe hay desde la década de 1970 un depósito con 700 toneladas de uranio que comprende unas dos hectáreas. El delicado asunto ya se ha debatido bastante, pero ahora vuelve a la cornisa, pues en el Congreso nacional se analiza un Acuerdo Nuclear con Australia” (Uno, 8 de octubre de 2002). Los medios y la comunidad han comenzado a preguntarse cómo la CNEA, que ha producido semejantes desastres ambientales, puede pretender hacerse cargo del tratamiento de la basura nuclear australiana.


d) “Pero lo más inadmisible es que en Ezeiza, el sitio al cual vendría la basura nuclear australiana para su tratamiento, la CNEA ha estado contaminando el ambiente con residuos radiactivos de baja y de media radiactividad.


La gravedad de esta contaminación quedó expuesta en el párrafo 5 del informe de la CNEA, que elaboró Marcelo Yrigoyen en 1957: “La eliminación de residuos líquidos radiactivos por infiltración forzada en napas profundas es muy peligrosa, por el aprovechamiento casi total de las distintas napas del subsuelo y por existir graves problemas de contaminación de las mismas, al estar intercomunicados entre sí en mayor o menor grado” (M. Irigoyen, 1957, “Informe geológico preliminar del campo de la CNEA de Ezeiza”, Conclusiones y recomendaciones, Punto 5). Treinta años después, en 1987, el propio INCYTH volvió a reiterar esta alerta.


En 1990 el Consejo Superior Profesional de Geología abordó el problema, y concluyó que “debería cesar el método aplicado para la eliminación de residuos radiactivos” en las trincheras de Ezeiza. Pese a todas estas advertencias fundadas, CNEA siguió contaminando el subsuelo y las aguas subterráneas.


El Acuerdo de Cooperación Nuclear no sólo habilita el procesamiento de la basura nuclear australiana (lo que licencia para hacer lo mismo con otros países), sino que permite también el reprocesado de combustible nuclear agotado.


Esto tiene una gravedad institucional sin precedentes. El gobierno de la Argentina firmó un Acuerdo con Australia sin que el Parlamento fijase previamente una política de manejo de los residuos radiactivos. Si esta norma y esta política no existen, la Cancillería no debió arrogarse estas funciones. Porque a la barbaridad de aceptar el procesado de la basura nuclear extranjera se le agrega, con el Acuerdo, la posibilidad de que se haga retratamiento, y se extraiga de esa basura el Plutonio 239 y el Uranio 235 remanente”.


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Editor: Hernando Albornoz. Editado en Buenos Aires, República Argentina. Las notas firmadas no necesariamente reflejan la opinión del editor. Prohibida su reproducción total o parcial (Ley 17.319)

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