El 15 de noviembre de 1963, cumpliendo con una de sus promesas
electorales, el Presidente Dr. Arturo U. Illía, dictó
los Decretos Nº 744 y 745 declarando “nulos, de
nulidad absoluta, por vicios de ilegitimidad y ser dañosos
a los derechos e intereses de la Nación, los contratos
relativos a la exploración y explotación de
petróleo suscriptos por Y.P.F." -durante
la presidencia de Arturo Frondizia-, así
”como también los referidos a la perforación
de pozos de explotación".
Sostenía Arturo Illia que “No hay país
soberano que resigne el control de sus recursos energéticos
a manos de las leyes del mercado, a sabiendas de que ello
significa hipotecar su crecimiento y desproteger a sus generaciones
futuras”.
“Los hemos anulado por una razón o causa política:
porque interfieren la soberanía económica de
la Argentina, de manera que la resolución del gobierno
argentino supera cualquier explicación de carácter
jurídico”
Tal
lo expresado por Arturo Illía a Averell Harriman, Secretario
de Estado del Presidente John Kennedy, enviado a la Argentina
para revertir la medida del gobierno democrático.
De acuerdo a un trabajo de Gustavo Callejas -exSecretario
de Energía-, la República Argentina
es el único caso de un país exportador de petróleo
que castiga a sus habitantes, aplicando en su mercado interno
el precio internacional; no lo hacen México, Venezuela,
Colombia, ni los del Golfo Pérsico. El costo interno
por barril –considerando un tipo de cambio
de $ 3 = 1 U$S- es de, aproximadamente U$S 7;
pero los acuerdos firmados entre el gobierno y las empresas
petroleras determinan un precio interno de U$S 28.
El Estado Nacional no audita y, por consiguiente, ignora los
reales niveles de reservas y pese a ello, permite las exportaciones
de petróleo y gas sin asegurarse el autoabastecimiento
actual y futuro del mercado interno, pues más de la
mitad de la población no tiene acceso al gas natural
y las reservas de petróleo “oficialmente”
publicadas no superan los seis o siete años de consumo.
La Argentina es el país que obtiene el gas natural
a menor costo, sin embargo el gas en garrafas (GLP)
–el que usan los sectores más pobres-,
es el más caro de la región, siendo
que estos países importan el gas de la Argentina.
De las naciones con un desarrollo similar, la Argentina es
la única que no posee una empresa petrolera estatal:
México, Venezuela, Colombia, Brasil y Chile, no privatizaron
las suyas.
La ausencia de inversiones en obras de infraestructura para
el patrimonio nacional agrava el panorama descrito en cuento
a las reservas; por ejemplo, desde hace doce años no
se ha construido un gasoducto troncal destinado al mercado
interno.
Los conceptos del uso racional y sustentable han sido abandonados;
ninguna represa hidroeléctrica se ha iniciado desde
julio de 1989, habiéndose abandonado los criterios
de sustituir bienes energéticos no renovables por renovables
y menos contaminantes; la depredación y la contaminación
de las áreas cercanas a los grandes yacimientos, tales
como Loma de La Lata y Rincón de los Sauces es alarmante
y ha sido denunciada por las comunidades locales.
La participación estatal –Nación
y Provincias- en la riqueza generada es la más
baja que se conoce en el del mundo, al mismo tiempo que el
Balance de Pagos muestra históricamente egresos de
las empresas petroleras en concepto de utilidades, dividendos,
royalties, regalías, marcas, patentes y asesoramiento,
superior a los U$S 5.000 millones anuales.
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