La autora del libro, nacida en Noruega en 1943, miembro de
la justicia francesa por más de 15 años, instruyó
durante seis la causa de la petrolera estatal francesa ELF
por la cual fueron finalmente a prisión importantes
jerarcas de la política, el empresariado y las finanzas
francesas.
Se trata de un relato vertiginoso y fascinante de la investigación
que puso al descubierto uno de los mayores entramados de corrupción
de Francia: los manejos delictivos en torno de la empresa
petrolera ELF; pero que avanza y muestra la estructura transnacional
de la gran corrupción empresaria que hostiga y coacciona
a escala mundial, controlando gobiernos, partidos políticos
y jueces.
La corrupción, su funcionamiento, sus aliados y sus
métodos criminales, utilizados a veces contra quienes
la investigan, tal como le sucedió a Eva Joly, es el
enemigo principal de las democracias y prueba que solamente
la existencia de justicia para todos dará lugar a la
construcción de una sociedad digna y solidaria.
El caso ELF ocupó la primera plana de los periódicos
franceses durante muchos años. En el transcurso de
la investigación la jueza fue amenazada de muerte repetidamente,
tuvo que vivir bajo custodia permanente y se convirtió,
a su pesar, en un controvertido personaje mediático.
“He visto que la impunidad es la norma y la ley la excepción”,
declaró Joly.
“En la Argentina, la crisis financiera ha servido de
revelador. La magnitud de la corrupción y de las manipulaciones
financieras dudosas aparece ahora a plena luz del día”,
dijo.
En su libro –editado por el Fondo de Cultura
Económica-, narra una de las tanta amenazas
que recibió de altos funcionarios del Estado y prominentes
dirigentes empresarios: “Señora debe usted comprender
que el 98 % de los delitos pueden ser juzgados. Pero queda
un dos por ciento que la justicia no puede solucionar. Se
los llama Secretos de Estado. Hay muchos intereses poderosos
a su alrededor. Tenga cuidado. El Estado posee guardianes
de sus secretos. Y no se andan con chiquitas. Hay que ser
razonable...”
Joly, fue promotora y autora, junto a otras personalidades
del mundo, el juez español Baltasar Garzón entre
otros, de la “Declaración de París: una
llamada a la acción contra la corrupción a gran
escala”, el 18 de julio de 2003. Su texto comienza diciendo:
“Nosotros, firmantes de esta declaración, ciudadanos
del mundo, venidos de los cuatro rincones de la tierra, de
países ricos y pobres, denunciamos los efectos devastadores
de la gran corrupción, con su corolario: la impunidad
de sus beneficiarios”.
Eva nació en el seno de una familia humilde de Oslo.
A principios de la década de los 60 se trasladó
a Francia donde trabajó como empleada doméstica
para financiar sus estudios de derecho. Se casó con
un médico francés, Pascal Joly
-en 1967-, con quien tuvo dos hijos.
En los años setenta comenzó su trabajo profesional
como consejera jurídica de un hospital psiquiátrico,
desempeñándose durante seis años.
En 1980 ingresó en la carrera judicial aprobando en
un puesto destacado sus exámenes para la judicatura.
Un año después fue nombrada jueza suplente en
la periferia de París y luego integró una comisión
del ministerio de Hacienda destinada a encontrar soluciones
para empresas que estaban en quiebra.
Ascendida a jueza de Instrucción del fuero financiero
y comercial, Joly condujo varias investigaciones sobre temas
de corrupción en las que las dimensiones económicas
y políticas comenzaban a entremezclarse.
En 1996 envió a prisión al ex Director General
de la petrolera ELF. La instrucción de la causa le
exigió más de seis años de trabajo y
el proceso concluyó en julio de 2003 con la condena
a prisión de varios políticos y empresarios
del más alto nivel.
El año último, Joly regresó a Noruega
como asesora del ministerio noruego de Relaciones Exteriores
en programas de lucha contra la corrupción.