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Urge la creación de trabajo sin restar naturaleza

 

 

No es la preservación de la naturaleza la responsable del desempleo.
Por el contrario, la mayoría de la población sufre la destrucción del empleo y de la naturaleza generadas por un modelo concentrador de la riqueza basado en la explotación intensiva de recursos naturales

 


Por Ana M. Fernández Equiza*


En las últimas semanas varias voces desde distintos niveles de gobierno, tanto nacional como provincial, han defendido públicamente la promoción de la minería como supuesto motor de desarrollo. Algunos, como el presidente de la Comisión de Minería de las Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires, diputado del Valle, esgrimen cifras sobre población y desempleo como justificación de la búsqueda de una política de promoción de la minería que no "limite" la actividad y que se reduzca a ejercer controles con mayor eficacia que hasta el presente.


Sin dudas, es interesante que se abra el debate sobre la cuestión productiva. Qué hacer? Cómo lograr el desarrollo sustentable? Cómo dar trabajo a nuestra población? Temas que debieran ser centrales a la función política pero que, lamentablemente, no son frecuentes. Por ello, para sumar valor a la intención de los funcionarios, caben algunas consideraciones.


El modelo basado en la explotación de materias primas y minerales revalorizado en la dictadura y profundizado en la década menemista sigue hoy plenamente vigente en algunos de sus lineamientos básicos. Soja y petróleo, pesca y minería, se asocian a cifras de PBI y de Inversiones Extranjeras. Pero son también parte de su reverso: la primarización, desindustrialización y desnacionalización de la economía argentina y el empobrecimiento brutal de su población. Para funcionar, este modelo no necesita de un pueblo con empleo y mejores ingresos, puesto que no depende del Mercado Interno. Pero además, no puede disminuir el desempleo sino que lo profundiza, ya que se trata de actividades intensivas en recursos naturales y muy poco demandantes de mano de obra.


No sólo quedó expuesto que el crecimiento no siempre "derrama" empleo sino que algunos estilos de crecimiento provocan desempleo. Entre 1991 y1994, por ejemplo, la economía argentina "creció" y al mismo tiempo se disparó el desempleo. Según un estudio de Claudio Lozano
(1), en dicho período, por cada punto de crecimiento del PBI se generó la mitad del empleo que generaba el mismo porcentaje de crecimiento hasta fines la década del 80.


En la década pasada en la Argentina, los índices de crecimiento del PBI encubrieron una enorme desigualdad entre el crecimiento de algunas islas y el estancamiento y la destrucción de grandes sectores de la economía, particularmente la industria, así como que las actividades que crecen ocupan mucho menos personas que las que ocupaban las actividades que se desalientan.


Por eso, creer que promoviendo el crecimiento de esas islas puede lograrse el desarrollo del país es un error. Por el contrario, contribuiría a la continuidad de un país de pocos ganadores / incluidos y de muchos perdedores peleando por no ser excluidos, obligados a una competencia que paradojalmente profundiza el derrumbe de los salarios reales, la precarización del trabajo y la flexibilización ambiental de hecho.


El modelo Potosí no debe repetirse


Hoy, aunque se manifiesta la voluntad de reorientar la acción del Estado a favor de políticas de inclusión, resta discutir los pilares del diseño de nuestra economía. ¿Qué es lo que debe promover el Estado? Es decir, el conjunto de la sociedad.


Queda claro que son aquellas actividades que generen más trabajo genuino, sin destruir la naturaleza y que estén orientadas fundamentalmente a producir lo necesario para atender las necesidades de la población.


La minería en general no es el caso. El modelo "Potosí" es propio de los conquistadores, no del siglo XXI. ¿Qué será de nosotros como sociedad si no podemos aprender de la experiencia? Una economía basada en la extracción de recursos no renovables deja en su camino pueblos fantasmas o exige a hijos y nietos enormes esfuerzos por refundar las economías de sus territorios cuando los recursos se agotan, los precios caen o la "modernización" logra reducir al mínimo la ocupación de personas.


Recientemente el diputado provincial del Valle en un artículo orientado a demostrar a la minería como factor de desarrollo, alude a Tandil. Es bueno que se conozca que efectivamente la actividad minera fue muy importante en el partido de Tandil a principios del siglo XX y llegó a ocupar más de 2000 personas para hacer productos elaborados y diferenciados. El valor estaba dado por el trabajo, no por la piedra. No obstante que la producción artesanal depredaba con velocidad muy inferior a la actual, acabó con cerros enteros como el de Los Leones.


Eran otras épocas, no se conocía el enorme valor ambiental y científico de las Sierras de Tandil y del sistema al que pertenecen, y sobre todo, no existían las posibilidades productivas de hoy. Las canteras de piedra ocupan alrededor de 100 personas y ya no producen bienes de alto valor agregado sino piedra molida, vendida a menos de diez pesos la tonelada. Un insumo que podría sacarse además de otros lugares donde el impacto sería infinitamente menor por la magnitud del relieve y donde no competiría con posibles mejores usos de la naturaleza.


Apostar a la minería viendo en las Sierras de Tandil piedra para moler es tan irracional como lo sería promover la caza de ballenas en Madryn.


Por eso, muchos descendientes de picapedreros creemos hoy que honrar la memoria de nuestros abuelos no es hacer lo mismo que ellos hicieron en su época, sino hacer, como ellos, lo que consideramos mejor, en la nuestra.


Del Valle señala con razón que Buenos Aires es una provincia privilegiada con inmensos recursos naturales y que su población necesita oportunidades genuinas de trabajo. Pero, justamente las extraordinarias condiciones naturales nos brindan más oportunidades y nos obligan a buscar las mejores estrategias.


Si podemos cimentar un desarrollo verdadero, sostenible, no destructivo, ¿por qué elegir opciones destructivas? La inmensa riqueza de la provincia nos obliga a la responsabilidad. Debemos superar la lamentable tradición de nuestra América que ha visto demasiadas veces como su riqueza se transforma en su pobreza merced a la codicia y la extracción indiscriminada de sus recursos. Esto sirve sólo a unos pocos en un "presente" que siempre se termina.


¿Por qué deberíamos seguir sosteniendo el modelo primarizante que ha "logrado" que en esta provincia "rica", de un país "rico" gran parte de la población sea pobre?. Por el contrario, necesitamos promover un uso con otra racionalidad, responsable y solidario de los recursos que sirva a un modelo de inclusión donde todos los habitantes tengan la oportunidad de vivir con dignidad.


La forma de salir de la pobreza no es dejar que sigan rompiendo las Sierras de Tandil para venderlas como piedra molida barata, ni convertir a Olavarría en un gigantesco depósito de basura, ni transformar a Esquel en una pequeña Potosí.


Es importante que los representantes del pueblo se preocupen y ocupen de la necesidad de promover la producción y el trabajo. Pero ello no se logrará flexibilizando aún más la protección de la naturaleza sino abordando temas ineludibles y urgentes como: la mejora en la distribución del ingreso, el fortalecimiento del mercado interno, la recuperación de un Estado para todos, la ampliación de la participación ciudadana, el fortalecimiento de la educación y la apuesta a un desarrollo científico tecnológico independiente, entre otros temas claves para la promoción de un desarrollo genuino, incluyente y sostenible. La experiencia enseña que restar Naturaleza es restar Trabajo y Vida.


Notas:

(1) Lozano Claudio "Desempleo y Pobreza en Argentina. La situación en los próximos diez años" Revista Realidad Económica N° 145, pp 33-43, IADE, Buenos Aires. Marzo1997


* Docente
Centro de Investigaciones Geográficas
Facultad de Ciencias Humanas - UNICEN - Tandil - República Argentina
anafernt@yahoo.com.ar/anafer@fch.unicen.edu.ar

Editor: Hernando Albornoz. Editado en Buenos Aires, República Argentina. Las notas firmadas no necesariamente reflejan la opinión del editor. Prohibida su reproducción total o parcial (Ley 17.319)

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