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Del
cambio climático se deben ocupar los gobiernos
y también las organizaciones de la sociedad civil
(Nota
I de V)
La Conferencia de las Partes del Convenio Marco de las Naciones
Unidas sobre Cambio Climático realizada en 2003 en
Milán, Italia, desafortunadamente para todos tuvo magros
resultados, aunque previsibles.
El proceso de negociaciones internacionales en su conjunto
ha pasado a centrarse en el comercio de emisiones de carbono
en lugar de abordar el tema del cambio climático. A
menos que la presión de la opinión pública
obligue a los delegados gubernamentales a cambiar de curso
en la dirección correcta, los problemas causados por
el cambio climático global se acrecentarán.
La presión pública es sin embargo aún
insuficiente. La razón principal para que eso sea así
es que el problema del cambio climático es presentado
como un tema extremadamente complicado, perteneciente por
ende al ámbito de los expertos. Quienes son o serán
más afectados por el cambio climático son así
dejados enteramente fuera del proceso. Para empeorar las cosas,
muchas ONGs que participan en estas reuniones internacionales
han adoptado la jerga del proceso sobre clima y parecen incapaces
o no deseosas de compartir su conocimiento con el común
de la gente. Le cuentan a la gente sobre el CMNUCC, COP, MDL,
JI, PCF, LULUCF, "sumideros", "fuentes",
"aire caliente" y obviamente nadie puede entender
una palabra de lo que están diciendo. Si su objetivo
es el de desempoderar a la gente, entonces están haciendo
un excelente trabajo.
Participar de una u otra forma para enfrentar el problema
del cambio climático es un derecho y a la vez un deber,
independientemente del nivel de "experiencia" que
se tenga: el cambio climático afectará a expertos
y no expertos por igual.
De hecho, muchos supuestos expertos deberían tratar
de aprender de las luchas que están siendo llevadas
a cabo por pueblos de los bosques contra la explotación
petrolera y de las comunidades locales que pelean contra la
contaminación urbana, en lugar de plantear inútiles
y complicadas soluciones centradas en mecanismos de mercado.
No es preciso que las personas y organizaciones de la sociedad
civil se conviertan en expertos" para involucrarse. El
tema es en realidad bien sencillo y también lo son
las soluciones. Estas son: no extraer más combustibles
fósiles de la tierra (que
implica encontrar fuentes alternativas de energía)
y detener la deforestación.
Lo que es sin embargo necesario es que el tema del clima sea
incorporado a los programas de la multiplicidad de organizaciones
que trabajan sobre todos los tipos de temas imaginables, desde
derechos humanos a conservación de la biodiversidad,
de la agricultura a la contaminación industrial, de
los derechos de los pueblos indígenas a las comunidades
urbanas pobres. Sólo cuando esto comience a suceder
podrá la Tierra y sus habitantes humanos y no humanos
tener una posibilidad de sobrevivir.
Para entender el cambio climático
El clima de nuestro planeta es un complejo sistema resultante
de la interacción de cinco factores: la atmósfera,
los océanos, las regiones de hielo y nieve (criósfera),
los organismos vivos (biósfera),
y los suelos, sedimentos y rocas (geósfera),
a su vez todos ellos directamente vinculados con el sol.
Sólo en estos términos es posible comprender
los flujos y ciclos de energía y materia de la atmósfera,
lo cual es imprescindible para investigar las causas y los
efectos del cambio climático. Pero también,
a estos factores hay que agregar uno más: el factor
antropogénico, resultante de la actividad humana.
El clima está directamente relacionado con la energía
solar, que llega hasta la superficie de la Tierra y vuelve
al espacio en forma de rayos infrarrojos. Pero esa energía
que sale, pasa por la atmósfera. La atmósfera
contiene, además de nitrógeno, oxígeno
y argón, una mezcla de otros gases diferentes
(dióxido de carbono, metano, óxido nitroso,
ozono, vapor de agua) que envuelve al planeta
y forma un sistema ambiental integrado con todos los componentes
de la Tierra.
Son esos gases los que permiten pasar la energía solar
pero a la vez atrapan y absorben parte del calor que "rebota"
y vuelve a salir (aproximadamente,
un 30%; del resto un 45% es absorbido por la tierra y los
océanos, y un 25% por la atmósfera).
Este sistema de control natural de la temperatura de la Tierra
se asimila así al efecto de un invernáculo,
y a los gases que actúan en ese proceso se los conoce
como "gases de efecto invernáculo". El efecto
también llamado invernadero permite en gran medida
la presencia de agua en estado líquido.
El "efecto invernáculo" no es en sí
mismo un problema. Es más, el delicado equilibrio de
dicho sistema es lo que ha creado las condiciones que permiten
la vida en el planeta. El problema surge porque se ha agregado
una carga artificial de gases de efecto invernáculo
a la atmósfera. Se está poniendo una capa "de
abrigo" extra que no necesitamos, y que aumenta el calor.
El invernáculo se está convirtiendo en un horno.
El calentamiento tiene efectos locales
Si bien el clima de la Tierra es inestable y más bien
impredecible -y
muy sensible a factores internos o externos-,
la temperatura probablemente no ha cambiado tanto en los últimos
200.000 años: las temperaturas de la última
era glaciar fueron solamente 5º C más frías
que en el presente. La temperatura media de la Tierra es actualmente
de aproximadamente 14º C (sin el efecto
invernáculo sería de -18º C).
Sin embargo, en los últimos 200 años ha ocurrido
un brusco aumento de temperatura. La temperatura media de
la superficie terrestre ha aumentado entre 0,3 y 0,6º
C con respecto a la época preindustrial, y el mayor
aumento ha ocurrido en los últimos 40 años.
El calentamiento del planeta se ha hecho evidente tanto en
la superficie marina como terrestre, lo cual es apoyado por
indicadores indirectos como la retracción de los glaciares.
A escala mundial, 1998 fue el año más caluroso
y la década de los 90 la más calurosa de la
historia. Esta tendencia está directamente relacionada
con las actividades humanas, que están provocando un
aumento de los niveles de gases de efecto invernáculo
presentes en la atmósfera.
El dióxido de carbono (CO2),
uno de los más importantes de estos gases, cumple un
complejo ciclo vital. Es liberado por las erupciones volcánicas,
por la respiración, por procesos del suelo, la combustión
de componentes de carbono y por la evaporación oceánica.
A su vez, se disuelve en los océanos y es consumido
por la fotosíntesis de los vegetales. Con posterioridad
a la revolución industrial y en especial después
de la Segunda Guerra Mundial, la actividad industrial produjo
y envió enormes cantidades de CO2 a la atmósfera
a través de la quema de combustibles fósiles
de depósitos subterráneos, de los cuales los
tres principales son carbón, petróleo y gas.
La mayor parte de las emisiones de CO2 son producidas por
la utilización de estos combustibles para generar energía,
los procesos industriales y el transporte, pero también
son producidas por los procesos de deforestación y
tala de bosques. Las actividades agrícolas y los cambios
del uso de la tierra producen emisiones de metano y óxido
nitroso, mientras que los desarrollos industriales liberan
productos químicos artificiales llamados halocarbonos
(CFCs, HFCs, PFCs).
Los gases clorofluorocarbonos
(formados por moléculas de carbono, cloro y flúor)
son totalmente antropogénicos (es decir,
creados por el hombre) y son liberados por aerosoles,
refrigeradores y aparatos de aire acondicionado. Se considera
que estos gases han contribuido en gran medida al calentamiento
global.
Más que una evolución lineal, el clima sigue
un trayecto no lineal con sorpresas inesperadas y drásticas
cuando los niveles de gases de efecto invernáculo alcanzan
un punto crítico que desencadena otros procesos hasta
ahora desconocidos. Todo indica que las emisiones de gases
de efecto invernáculo generadas por actividades humanas
pueden causar cambios climáticos drásticos en
el siglo XXI y más allá, con efectos de amplio
alcance en el ambiente y en las sociedades y economías
humanas.
El grado de riqueza de los países
equivale al monto de la rapiña
El aumento del dióxido de carbono y de otros gases
de efecto invernáculo responsables del cambio climático
es una consecuencia de los actuales modelos de desarrollo
-producción
y consumo- que fomentan una utilización
excesiva de combustibles no renovables así como de
modelos inapropiados de uso de la tierra .
En general, las emisiones de gases de efecto invernáculo
de combustibles fósiles y el modelo de consumo característico
de la sociedad industrializada moderna van de la mano: cuanto
más rico es el país, mayores son las emisiones.
Es así que Estados Unidos está a la cabeza,
con alrededor de un 24% del total de emisiones.
Los países industrializados han explotado y consumido
más combustibles fósiles, bosques y otros recursos
del planeta, que el Sur, lo que les permitió tener
el grado de riqueza y poder actual. En ese camino, colocaron
a la humanidad en un estado de riesgo tal que corre peligro
de sucumbir. Es justo que recaiga en ellos la mayor parte
de la responsabilidad de evitar la crisis social, ambiental
y planetaria.
Muy pocas personas ponen en duda seriamente que el clima de
la Tierra está cambiando y que, de no adoptar medidas,
la humanidad entrará en un periodo de desequilibrio
climático intensificado. Los modelos climáticos
predicen que si las tendencias de emisión actuales
continúan, para el año 2100 la temperatura aumentará
entre 1,4ºC y 5,8ºC. Son cambios sin precedentes
en los registros históricos. Dentro de un siglo -que
es decir casi nada en la historia de la Tierra- nuestros descendientes
y los de las demás criaturas vivas podrían tener
que soportar temperaturas muy por encima de las experimentadas
durante la mayor parte de su proceso de evolución.
Las consecuencias para muchas especies, incluida la humana,
podrían ser catastróficas.
Una de las predicciones centrales de los expertos en clima
es que los fenómenos extremos, tales como tormentas,
huracanes, inundaciones, sequías e inviernos severos,
serían cada vez más frecuentes, con consecuencias
graves para la vida humana. No obstante, los impactos no serán
los mismos en el planeta. Algunas regiones
(particularmente las zonas secas del Tercer Mundo)
se secarían, causando una grave degradación
de la tierra mientras que otras sufrirían un enfriamiento
considerable debido a cambios en la Corriente del Golfo. En
genera,l habría un aumento del nivel del mar
(con proyecciones de 9 a 88 cm para el año 2100)
a medida que el calentamiento del agua alcanzara las profundidades
del océano.
Un posible impacto ecológico es la destrucción
de la mayor parte del bosque amazónico para fines del
siglo XXI, producto de la sequía. La pérdida
de bosques a escala mundial liberaría aún más
CO2, exacerbando el cambio climático.
Los más vulnerables a los impactos del cambio climático
son los que viven en condiciones sociales y económicas
adversas: los sectores de menores ingresos de las poblaciones
de los países del Sur, los sectores pobres urbanos
en general, los residentes de regiones costeras e islas, y
los habitantes de tierras semiáridas. La creciente
exposición a desastres naturales tales como inundaciones,
sequía, deslizamientos de tierra, tormentas y huracanes,
serán más graves para los sectores que están
en mayor situación de riesgo.
L a gravedad de los impactos previstos, caso por caso, según
los expertos:
*
aumento del nivel del mar: si bien es difícil
medir los cambios del nivel del mar, se calcula que en los
últimos 100 años el nivel del mar ha crecido
entre 10 y 25 cm. Esto indica que en gran medida ese cambio
ha estado relacionado con el aumento de la temperatura ocurrido
en los últimos 100 años. En esta escala de tiempo,
la expansión del volumen del océano provocada
por el calor podría ser parte de la causa, y el resto
por la contracción de los glaciares y la pérdida
de capas de hielo. El grosor de los hielos árticos
sumergidos en el mar se redujo en la década de 1990
más de un metro con respecto a veinte o treinta años
atrás. La pérdida generalizada de las capas
de hielo discontinuas del planeta desencadenará la
erosión de las regiones árticas, cambiando los
procesos hidrológicos y liberando dióxido de
carbono y metano a la atmósfera.
*
zonas costeras: como corolario del aumento del
nivel del mar, las regiones costeras sufrirán inundaciones
graves. Bangladesh, uno de los países más pobres
del mundo, también es el más vulnerable por
este tema. Su población está gravemente afectada
por las tormentas. Las catástrofes naturales han causado
daños en hasta 100 km. tierra adentro, por lo que resulta
pavoroso imaginar a qué punto llegarían con
un aumento acelerado del nivel del mar.
*
precipitaciones: se ha observado un aumento en
regiones de altas latitudes del Hemisferio Norte, especialmente
durante el invierno, mientras que con posterioridad a la década
de 1960 han disminuido en los subtrópicos y trópicos
desde África a Indonesia. Las predicciones indican
un aumento de las precipitaciones a escala mundial, pero las
tendencias a escala local son mucho menos seguras. Mayores
lluvias y nieve significarán condiciones del suelo
más húmedas en los inviernos de latitudes altas,
pero el aumento de la temperatura podría implicar que
en el verano los suelos estarán más secos.
*
salud: la transmisión de numerosas enfermedades
infecciosas está directamente relacionada con los factores
climáticos, ya que los agentes de infección
y sus organismos transmisores son sensibles a factores tales
como la temperatura, el agua, la humedad en general y del
suelo en particular, el viento. Esto se aplica en especial
para las enfermedades transmitidas por organismos vivos, como
en el caso de la malaria que es transmitida por un mosquito.
Si bien no está aceptado unánimemente, algunas
proyecciones indican que el cambio climático y el cambio
de los patrones meteorológicos afectarían el
alcance (en altitud como en latitud),
la intensidad y la estación propicia de numerosas enfermedades
infecciosas.
*
agricultura: el aumento de la tasa de evaporación
contribuiría a la salinización de las tierras
agrícolas irrigadas. La degradación del suelo
inducida por el clima, sumado al aumento de plagas, sequía
e inundaciones podría provocar una pérdida de
entre 10% y 15% de los rendimientos de granos de África,
América Latina y Asia en los próximos 50 años.
De cumplirse esta previsión y de mantenerse el modelo
de distribución desigual de la apropiación de
los recursos, el riesgo de que se exacerben las condiciones
de hambre en los países empobrecidos es grande.
*
bosques: el cambio climático afectaría
la salud y composición de los bosques del planeta.
Algunas proyecciones indican que en un plazo de cien años
podría haber un desplazamiento de entre 150 y 550 km
en las zonas climáticas aptas para ciertos bosques.
En las regiones montañosas, ciertas especies y comunidades
vegetales, en especial de árboles, podrían desaparecer
totalmente por el desplazamiento hacia latitudes superiores
de especies que viven cerca de los bordes altos de las montañas.
La migración, que se produce por la adaptación
de las semillas diseminadas en zonas más aptas, quedaría
limitada por la falta de espacio para que las semillas puedan
establecerse. Los bosques caducifolios (que pierden
las hojas anualmente) se desplazarían
hacia latitudes más altas, reemplazando en muchas regiones
a los bosques de coníferas.
Estudios realizados en Suiza sugieren que un aumento de 3º
C en la temperatura provocaría una invasión
de árboles caducifolios en el cinturón subalpino
y la invasión de árboles de coníferas
en la zona alpina.
Por otro lado hay especies de árboles que han desarrollado
una ventaja comparativa que les permite sobrevivir en condiciones
de suelo y clima muy específicas. Un cambio, siquiera
mínimo, de las condiciones las afectaría gravemente
y podría provocar incluso su desaparición.
Pueden ocurrir numerosos cambios en los bosques como consecuencia
de alteraciones sutiles del equilibrio competitivo entre las
especies. Por ejemplo, el aumento de las temperaturas seguramente
cambiarían el intervalo entre la época de floración
y la estación en que pierden sus hojas, pero los efectos
podrían ser diferentes para las distintas especies.
Todo esto, en definitiva, implica que la diversidad biológica
estaría en peligro ya que el posible ritmo del cambio
climático al cual estarían sujetos los bosques
será mayor que el ritmo al cual éstos puedan
adaptarse.
*
los recursos hídricos: los
cambios en las corrientes de los ríos podrían
afectar las napas de agua subterránea. El aumento del
nivel del mar podría provocar el ingreso de agua salada
en los acuíferos costeros. Las fuentes de agua podrían
ser degradadas o desaparecer, agudizando la competencia.
*
aumento de las sequías y las inundaciones: se
calcula que la alteración de los ciclos hidrológicos
provocará la extensión e intensificación
de los procesos de desertificación en varias partes
de África, mientras que en el sudeste asiático
ya se está experimentando la disminución de
los monzones en algunas regiones. En otras regiones, como
Nepal, Birmania e India, esos cambios han causado inundaciones
en gran escala.
*
contaminación de la tierra y el agua:
las inundaciones contribuirían a esparcir los productos
químicos tóxicos utilizados en los modelos agrícolas
industriales.
Todos estos factores sumados implicarían el colapso
de numerosos ecosistemas frágiles (bosques
y arrecifes de coral, por ejemplo), que no pueden
responder con la suficiente rapidez a los cambios bruscos
de temperatura, con lo cual habría un aumento drástico
del índice de pérdida de especies. La pérdida
de la biodiversidad podría incluso desencadenar una
serie de catástrofes que podrían significar
la extinción de la vida del planeta tal como la conocemos.
Fuente: www.wrm.org.uy
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