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No
todo es lo mismo en política climática
(Nota IV de V)
Para el común de la gente, el tema del cambio climático
parece ser una cuestión demasiado complicada, cuya
solución está exclusivamente en manos de técnicos
y gobiernos. Sin embargo, hay muchos sectores de la sociedad
civil organizada que hacen contribuciones positivas para abordar
el problema, a menudo enfrentados a los mismos gobiernos que
se han comprometido a resolver el problema.
Los pobladores del bosque
Numerosos pueblos indígenas y comunidades tradicionales
del bosque llevan a cabo luchas de resistencia contra actividades
que no sólo impactan sobre sus condiciones de vida
sino que además agravan el problema del cambio climático.
La principal causa del cambio climático radica en la
extracción y combustión de combustibles fósiles,
en particular, el petróleo. Por lo tanto, las luchas
locales contra la explotación petrolera contribuyen
a evitar que el carbono almacenado en los hidrocarburos sea
liberado y se sume a la capa de gases que agravan el efecto
invernáculo.
En ese sentido, son muchas las luchas que actualmente llevan
a cabo comunidades del bosque, entre las que se destacan las
de los Ogoni en Nigeria, los U'wa en Colombia y los Cofanes
en Ecuador, que han logrado evitar o detener la extracción
de petróleo en sus territorios.
La deforestación es también una causa importante
del cambio climático, ya que implica la liberación
del carbono almacenado en la biomasa del bosque, que también
pasa a engrosar la capa de gases que hacen elevar la temperatura
en la tierra. Por lo tanto, todas las luchas de defensa de
los bosques constituyen también un aporte importante
para evitar el agravamiento del cambio climático.
Son muchos los pueblos y comunidades locales que están
resistiendo la corta de sus bosques por parte de actores externos
(empresas
madereras, mineras, petroleras, camaroneras, agrícolas
y ganaderas, entre otras). Las luchas se extienden
por todos los continentes, donde las poblaciones locales se
enfrentan a un tipo de "desarrollo" impulsado por
los gobiernos que resulta en la destrucción de los
bosques para beneficio casi exclusivo de grandes empresas.
Las comunidades locales urbanas
Gran parte de la liberación de gases de efecto invernáculo
se produce en los propios centros urbanos y en los parques
industriales cercanos a los mismos. Tanto la industria como
el transporte son grandes emisores de dichos gases, que no
sólo impactan sobre el clima, sino también sobre
la salud de la gente.
En respuesta, numerosas comunidades urbanas -del
Sur y del Norte- se han organizado para enfrentar
el problema, obligando con su lucha a los gobiernos a imponer
medidas de control en materia de emisiones. Es así
que en muchos sitios se ha logrado forzar a la industria y
al transporte a reducir sustancialmente sus emisiones. Medidas
sencillas, como la generación de condiciones para posibilitar
el uso de la bicicleta como medio de transporte, también
han sido adoptadas en algunas ciudades. Todas estas luchas
contribuyen sustancialmente a la reducción de emisiones
de gases de efecto invernáculo y por ende son un aporte
muy importante para la solución del problema del cambio
climático.
Las organizaciones no gubernamentales
Como en tantos otros temas, las organizaciones no gubernamentales
están jugando un papel fundamental, tanto en la concientización
de la población en general, como en la promoción
de soluciones al problema. También son muchas las que
participan en los procesos oficiales, intentando lograr que
los gobiernos se comprometan a adoptar e implementar las medidas
necesarias para evitar el cambio climático global.
Es también necesario destacar que existen profundas
divisiones en el movimiento ambientalista y que un grupo de
organizaciones está de hecho apoyando las falsas soluciones
acordadas en el Protocolo de Kyoto (ver
Nota III).
Dicha situación ha determinado la necesidad de hacer
un seguimiento a los proyectos y procesos que comienzan a
instrumentarse en torno al Mecanismo de Desarrollo Limpio
(MDL)
y al comercio de emisiones de carbono, con el objetivo de
informar al público acerca de los problemas que implica
y apoyar a las comunidades locales que serán afectadas
por los mismos.
Una de esas organizaciones se llama SinksWatch ("vigilancia
de sumideros de carbono"), iniciativa del
Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales, radicada en
la Oficina de Apoyo en el Norte e implementada por FERN. El
objetivo de SinksWatch es identificar y hacer un seguimiento
a proyectos de secuestro de carbono vinculados al Protocolo
de Kyoto y a señalar la amenaza que significan para
los bosques y otros ecosistemas, para los pueblos de los bosques
y también con respecto al cambio climático.
La organización enfoca sobre los proyectos de plantaciones
de árboles como sumideros de carbono, en especial en
áreas donde existen conflictos sobre tenencia o derechos
de uso de tierras.
SinksWatch reconoce que existen vínculos importantes
entre bosques y cambio climático y apoya el abordaje
de esos vínculos de manera tal que se reconozca el
importante papel que los bosques juegan en la adaptación
al cambio climático y en salvaguardar contra los impactos
de accidentes climáticos extremos, sin justificar la
emisión continuada, adicional y permanente de carbono
resultante de la quema de combustibles fósiles. (jutta@fern.org;
http://www.sinkswatch.org/)
Una segunda organización se denomina CDM Watch (vigilancia
del Mecanismo de Desarrollo Limpio-Clean Development Mechanism-CDM),
una pequeña ONG con sede en Indonesia que brinda asistencia
en mejorar la capacidad de la sociedad civil para comprender
y responder al MDL y a proyectos vinculados al MDL. Aporta
análisis sobre las reglas emergentes del MDL y sobre
temas vinculados a ese mecanismo, así como materiales
para ser utilizados por ONGs de países del Sur en su
trabajo sobre el MDL. CDM Watch también ha estado involucrada
en el desarrollo de redes y campañas Norte-Sur sobre
el MDL, con un énfasis especial en evitar que se convierta
en un nuevo subsidio para tecnologías insustentables
como las grandes represas y los proyectos de sumideros de
carbono basados en plantaciones. (cdmwatch@indosat.net.id;
http://www.cdmwatch.org/)
Otra de ellas se llama Carbon Trade Watch (vigilancia
del comercio de carbono), fundada en 2002, siendo
el proyecto más nuevo del Transnational Institute.
Enfocada en el mercado emergente de gases de efecto invernáculo,
Carbon Trade Watch monitorea el impacto del comercio de emisiones
contaminantes sobre la justicia ambiental, social y económica.
La inclusión del comercio de emisiones contaminantes
en el Protocolo de Kyoto muestra una histórica proliferación
de los principios del libre mercado en el ámbito ambiental.
A través de investigación y análisis,
Carbon Trade Watch busca cuestionar la idea de que un mercado
liberalizado es el único escenario en el que se pueden
resolver los problemas ambientales.
La organización también pone a disposición
el trabajo de otros y actúa como lugar de reunión
para investigadores, campañistas, actores culturales
y comunidades que se oponen a los impactos negativos del comercio
de emisiones contaminantes. El objetivo es el de facilitar
la oposición efectiva a políticas económicas
ambiental y socialmente destructivas y a crear espacios para
que surjan soluciones y alternativas aportadas desde la base.
(info@carbontradewatch.org;
página web: http://www.tni.org)
El movimiento por la justicia climática
Como en la mayoría de los problemas que enfrenta el
mundo actual, el tema del cambio climático se debe
abordar desde el ángulo de la justicia. Un amplio grupo
de organizaciones sociales y ambientales resolvieron en el
año 2000 organizar una Cumbre sobre Justicia Climática
paralela a la Conferencia de las Partes de la Convención
sobre Cambio Climático. A partir de allí se
continuó avanzando y en el año 2002 se discutieron
y aprobaron en Bali (Indonesia)
los "Principios sobre Justicia Climática"
(disponibles en inglés en http://www.wrm.org.uy/actors/WSSD/Bali.html),
donde se parte de la base de que las comunidades tienen
el derecho a no tener que sufrir el cambio climático,
sus impactos y otras formas de destrucción ecológica
y que por ende se necesita reducir (para posteriormente
eliminar) la producción de gases de efecto
invernáculo y contaminantes locales asociados.
Se enfatiza que los gobiernos son responsables del abordar
el cambio climático de una manera que sea a la vez
democrática con respecto a sus pueblos y en línea
con el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas.
En ese sentido, Justicia Climática exige que las comunidades,
en particular las afectadas, jueguen un papel de dirección
en los procesos nacionales e internacionales para abordar
el cambio climático, a la vez que se opone al papel
que juegan las empresas transnacionales en la generación
de condiciones para modelos de producción, consumo
y estilos de vida insustentables, así como en su inaceptable
rol en materia de influenciar tomas de decisiones tanto en
el ámbito nacional como internacional.
El proceso de Justicia Climática fue un actor protagónico
durante la Conferencia de las Partes de la Convención
sobre Cambio Climático que tuvo lugar en Nueva Delhi
(India)
en el 2002. Allí organizó una manifestación
multitudinaria nunca antes vista contra el cambio climático,
donde se hicieron presentes todos los actores sociales relevantes.
Como era de esperar, no se autorizó la llegada de los
manifestantes al local de la Convención y apenas se
dejó ingresar a un puñado de representantes
a los jardines del local. Sin embargo, fue una clara demostración
de que el cambio climático no es una cuestión
de técnicos y delegados gubernamentales, sino un tema
donde los afectados presentes y futuros reclaman su derecho
a participar en forma decisiva en la adopción de las
decisiones que los gobiernos se niegan a adoptar.
La Red Oilwatch
La red Oilwatch nació inspirada en la necesidad de
desarrollar estrategias globales de las comunidades afectadas
por actividades petroleras y de apoyar los procesos de resistencia
de las comunidades que luchan contra las mismas.
Entre las funciones de la red están el intercambio
de información sobre las operaciones de las compañías
petroleras en cada país, sus prácticas de operación
y los distintos movimientos de resistencia y campañas
internacionales contra compañías específicas.
Oilwatch busca aumentar la conciencia ambiental a escala global,
desentrañando los impactos que tiene la actividad petrolera
sobre los bosques tropicales y sobre las poblaciones locales,
denunciando además el vínculo con la destrucción
de la biodiversidad, con el cambio climático y con
la violación a los derechos humanos.
Desde 1997 Oilwatch ha planteado un llamamiento para la moratoria
de nuevas exploraciones petroleras sobre la base de dos argumentos
centrales:
- la necesidad de abordar seriamente el cambio climático
mediante la reducción de la principal fuente de gases
de efecto invernáculo: los combustibles fósiles
y
- la necesidad de evitar los impactos sociales y ambientales
resultantes de la actividad petrolera.
La moratoria a nuevas exploraciones petroleras no sólo
es necesaria: también es posible. El caso de Costa
Rica es muy claro en este sentido. Su Presidente no sólo
declaró al país libre de actividades petroleras,
sino que incluso canceló un contrato con una empresa
estadounidense (Harken)
que mantiene estrechos vínculos con el Presidente Bush.
Costa Rica y su gobierno han así mostrado al mundo
que aún es posible proteger los ecosistemas locales
y los medios de vida de las poblaciones que allí habitan,
al mismo tiempo contribuyendo a contrarrestar el cambio climático
global. OILWATCH: tegantai@oilwatch.org.ec
Otros actores emergentes
El cambio climático está presente y sus impactos
se hacen sentir en todo el mundo. Ello implica que aumenta
el número de los afectados, que comienzan a entender
las raíces del problema y se suman a las filas de quienes
ya están en la lucha. Entre ellos se destacan:
- afectados por huracanes, sequías, inundaciones e
incendios resultantes del cambio climático global
- afectados por proyectos de sumideros de carbono tales como
los monocultivos de árboles plantados con ese objetivo
o por grandes represas hidroeléctricas
- población y gobiernos de países condenados
a desaparecer total o parcialmente si no se adoptan medidas
para contrarrestar el efecto invernáculo
(en particular los pequeños estados insulares y
los países costeros bajos)
- sectores académicos comprometidos con el ambiente
y la gente, capaces de aportar investigación y análisis
para enfrentar el problema
- organizaciones e individuos que trabajan en la defensa de
la biodiversidad y que comprenden que el cambio climático
compromete la sobrevivencia de numerosos ecosistemas y de
las especies que allí viven.
En definitiva, la realidad está mostrando que las soluciones
al problema del cambio climático sólo serán
posibles si la sociedad civil organizada
-en el Sur y en el Norte, en las áreas boscosas,
agrícolas y urbanas-, asume el rol protagónico
que le corresponde y obliga a los gobiernos a adoptar todas
las medidas necesarias para torcer el rumbo que lleva al desastre
climático global.
Fuente: WRM
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