Que apareciera un cuello de botella en la relación
entre oferta y demanda laboral en el sector agroindustrial,
con el explosivo crecimiento luego de la recuperación
de competitividad externa, y ante el proceso iniciado con
la sustitución de importaciones, es una consecuencia
que parece inabordable a la luz de las necesidades de las
empresas.
En el sector más dinámico de la economía
se advierte la paradoja que el crecimiento de la demanda,
tanto interna como externa, ha llevado a la incorporación
de tecnología y la necesidad de reforzar las plantillas
de personal con operarios calificados, sin que el mercado
laboral pueda dar cuenta de ello.
La profunda retracción que vivió la industria
en los años en que imperó la convertibilidad
produjo una discontinuidad en la disponibilidad de operarios
con capacidades técnicas especiales.
Por la propia dinámica del proceso de achicamiento
y pérdidas de unidades productivas, muchos empleados
quedaron con conocimientos obsoletos para los nuevos equipamientos
y otros buscaron nuevos horizontes ante la imposibilidad de
insertarse en un escenario adverso.
Empresarios del sector metalmecánico, que provee tecnología
para los sectores rurales e industriales vinculados a la creación
de valor en alimentos, avícola y harinero, entre otros,
y a la producción primaria, establecen parámetros
de una necesidad que ni el mercado laboral ni el educativo
pueden satisfacer.
La capacitación ausente
Si bien el sector metalmecánico no produce exclusivamente
para el sector agroindustrial, la caída de la caja
de conversión le generó un escenario más
que promisorio que supo, paulatinamente, aprovechar a partir
de la creciente demanda de tecnología de la producción
agropecuaria e industrial.
“En este momento estamos trabajando al máximo
de capacidad. Durante muchos años las empresas no tomaron
personal nuevo, y ahora nos encontramos con la dificultad
de que no hay gente especializada en el mercado. Todo el sector
está en el mismo problema”, asegura Alberto Bártoli,
presidente de la Cámara que agrupa a los más
de 250 talleres
—grandes y pequeños— de
la provincia de Entre Ríos.
El empresario conjetura que el principal motivo fue la deserción
de muchos operarios que quedaron fuera del sistema en su momento
y optaron por encarar otra actividad. “Es difícil
hacerlos volver, de manera que a partir de ahora habrá
que empezar a formar gente nueva”, se resigna Bártoli.
A esto se encuentran abocados los dirigentes del sector que
realizan un relevamiento.
El problema de la especialización de la mano de obra
está directamente vinculada con las nuevas tecnologías,
y las especificaciones que ella contiene, a las que no todos
pueden acceder. “A los empresarios les pasa que no le
prestan el auto a su esposa que cuesta 20.000 dólares
y dejan una máquina de 200.000 en manos de operarios
que no están capacitados para manejarlas”, ironizó
un alto empresario en una jornada de trabajo.
Si bien este escenario puede ajustarse a hombres de mameluco
y casco amarillo, también se da con ingenieros y profesionales.
El propietario de una gran industria con proyección
nacional vinculada al sector, aseguró: “no logramos
conseguir en el mercado local profesionales adecuados. Si
los traemos de Buenos Aires, su salario no baja de 5.000 pesos
mensuales, mientras que el promedio de la región, por
la misma función, apenas llega a los 2.000. Si le pagamos
tanto a uno de afuera generamos asimetrías con los
que ya están”, confesó.
Una etapa de crecimiento sin recurso
humano
Las empresas han superado la brecha que las ubicaba con una
capacidad ociosa que rondaba el 30 y 40 %, y aseguran, caeteris
paribus
(si todas las variables se compartan como deben)
el futuro sólo les depara crecimiento. En tal situación
se encuentran algunas empresas que fabrican maquinaria agrícola
en Entre Ríos, que tienen su producción comprometida
para los dos siguientes años.
El ingeniero Roberto Castagno, responsable de la firma uruguayense
AVEC S.A. conceptualiza que “toda reactivación
se apoya en tres pilares: la parte empresaria, la laboral
y los insumos. Nosotros tenemos algunos problemas de insumos
por los aumentos en los commodities de los últimos
meses, que parecería que vinieron para quedarse.
El problema de la mano de obra no es de ahora, en los años
que hubo poco trabajo se disimulaba. Se necesitan soldadores,
herreros industriales, montadores industriales, mecánicos,
oficiales, operarios de obras de estructuras. Tenemos un verdadero
problema y es producto de que hace tiempo el sistema educativo
argentino dejó de producir técnicos especializados”.
El empresario asegura que en su ciudad, su unidad aporta con
la estructura para que se vayan formando jóvenes que
estudiaron en la Escuela de Oficios, y es un trabajo de capacitación
muy lento que dista bastante de ser lo ideal, porque se tarda
mucho tiempo y se supone que la empresa no está para
eso.
“El mercado está mejor y tenemos por delante
un par de años interesantes, pero la falta de personal
especializado es todo un problema”. De los empresarios
se desprende la preocupación por el descalce que se
produjo en las escuelas técnicas y por los diferentes
procesos de flexibilización que hicieron del obrero
industrial una especie en extinción.
Mariela Rothman, gerente de Empleo y Formación Laboral
del Ministerio de Trabajo asegura que el problema es complejo,
ya que intervienen variables de difícil manejo. “Hay
mucha heterogeneidad en cuanto a la capacidad tecnológica
de las empresas, donde se encuentran algunas con alta tecnificación
compitiendo junto a otras con mucho menor especialización.
En este sentido, el problema de la gran diversidad tecnológica
hace que los mercados ocupacionales sean internos y no externos.
En el caso de países como Alemania es mucho más
sencillo porque se trabaja con determinado nivel tecnológico
y con una proximidad geográfica diferente. Se capacita
un obrero que si no trabaja en la empresa de una ciudad la
próxima le queda a 20 kilómetros”.
Gustavo Sánchez Romero
Fuente: El Diario de Paraná