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Dedicado a los niños de Irak

 

 

 

Esta vez no sonó ninguna música que tapara sus palabras ni le cortaron el sonido del micrófono, como ocurrió en la entrega de los Oscar del año último.


Michael Moore pudo despacharse a gusto en el escenario del Grand Palais al recibir la Palma de Oro por “Fahrenheit 9/11”, un inapelable documental sobre la cuestionada victoria de Bush sobre Gore, las antiguas relaciones económicas de Bush padre con el entramado financiero de la familia de Bin Laden y la intervención americana en Irak. Nadie se esperaba esta Palma de Oro. No ha ganado Wong Kar Wai, pero el cine asiático ha reinado en el palmarés.


La esposa de Moore rompió a llorar en su butaca y mientras la imponente figura del director se desplazaba hacia el escenario, el público se levantó de sus asientos, tributando una larga ovación al más crítico de los cineastas americanos, aunque también se escucharon algunos silbidos, muy aislados.


Quentin Tarantino, presidente de un jurado en el que figuraban otros dos americanos
(Kathleen Turner y Jerry Schatzberg), se mostró exultante cuando pronunció –o gritó– el nombre de Michael Moore como ganador de la Palma de Oro.


Ni el propio Moore se lo creía, pero al festival de Cannes le encanta descubrir nuevos cineastas, premiarlos y que después sigan fieles al certamen. En el 2002 fue galardonado por “Bowling for Columbine”.


Tras recibir la Palma de Oro de manos de la actriz Charlize Theron, el orondo cineasta citó a un presidente republicano llamado... Abraham Lincoln: “El pueblo quiere la verdad y la república debe dársela”. También hizo público que había recibido garantías de que su película se estrenaría comercialmente en EE.UU.


Moore dedicó el premio “a todos los niños de Irak, los que han muerto y los que pueden morir por culpa de la guerra”.


Menos elaborada que “Bowling for Columbine”, pero igual de demoledora, “Fahrenheit 9/11” ofrece momentos impagables. Como ver a Bush, cuya agenda del 11-S le llevó a una escuela para leer cuentos a los niños, sentado en una silla al lado de la profesora, mientras un colaborador suyo se le acerca y le susurra al oído que un avión acaba de estrellarse contra las Torres Gemelas. Ni se inmuta. Pone cara de póquer. Al cabo de un momento, cuando el mismo ayudante le comunica que un segundo avión ha colisionado con las emblemáticas torres, Bush tampoco reacciona y sigue sentado, poniendo cara de incredulidad
(y de inutilidad).


En otro pasaje, tiene un “encuentro” con Bush. Acude con un cámara a una comparecencia en público del presidente, se le aproxima y le grita: “¡Hola, presidente, soy Michael Moore!”. Bush sonríe cual político en campaña, y le responde: “Dedíquese a un trabajo más serio”.


Pero en “Fahrenheit 9/11” hay también testimonios. Moore incluye extractos de la larga entrevista que sostuvo con Greg Unger, autor del libro “Casa de Bush, casa de Saud”, sobre las relaciones de un intermediario financiero de la familia Bush con la de Bin Laden.


Entre los testimonios involuntarios, el de un congresista, embelesado ante la cámara con que le está filmando el ayudante de Moore, pero cuya sonrisa se congela cuando el cineasta le recomienda que envíe a sus hijos a Irak, porque allí “faltan niños, ya que mueren demasiados por culpa de la guerra”.


Wong Kar Wai


Gong Li,
Tony Leung
y Zhang Ziyi,
protagonistas de “2046”,
de Wong Kar Wai

 


 

 

 

 

 

 

 


Hace cuatro años, Wong Kar Wai veía como su película “Deseando amar” (“In the mood for love”) era soslayada del palmarés de Cannes, aunque se llevara un premio al mejor actor para Tony Leung, fetiche de este cineasta de Hong Kong. Esperada, aplazada y finalmente proyectada “2046” fue legítima aspirante a la Palma de Oro


Con omisión de su incuestionable valor artístico
es una hazaña visual de arrebatador contenido–, el cineasta tenía un fan que compró los derechos y distribuyó sus primeras películas en EE.UU: Quentin Tarantino, presidente del jurado.


Las primeras imágenes de “2046” se filmaron en 1999, cuando Kar Wai rodaba “Deseando amar”. Y 2046 era tanto el número de una de las habitaciones que ocupaban Tony Leung y Maggie Cheung, los amantes adúlteros, como es ahora, en su nueva película, un viaje sin retorno
a bordo de un tren de velocidad supersónica hacia el futuro, para allí reencontrar los recuerdos y las claves del ayer.

Un ayer que se sitúa en 1966. Todo es producto de la realidad o tal vez de la imaginación del periodista (Leung). Planea novelas futuristas y termina escribiendo novelas eróticas. Para ello se documenta recorriendo frenéticamente geografías femeninas en el lecho. Habita el cuarto de un hotelucho similar, o el mismo, de “Deseando amar” y tiene como vecina a una joven cortesana (Zhang Ziyi, musa y compañera de Zhang Yimou), que primero cobra por sus servicios y luego le paga para seguir acostándose con él.


Wong Kar Wai realiza un apasionante, doloroso e implacable recorrido por los tortuosos caminos del amor. El protagonista, cliente habitual del casino, nunca juega, en el amor, todas las cartas. Rechaza comprometerse cuando percibe que pasión y dependencia irrumpen en sus relaciones. Que son varias, cambiantes e impredecibles. Desde la citada prostituta hasta una jugadora profesional
(suntuosa reaparición de Gong Li). “2046” es un filme hipnótico e irresistible, en cuya banda sonora vuelve a comparecer Nat King Cole y donde el famoso tema “Siboney”, cantado en español, ejerce de irónico contrapunto. Una obra maestra. Pero Wong Kar Wai, incorregible, ha dicho que ajustará el montaje.


El último título a concurso, “Vida y muerte de Peter Sellers”, producido para televisión pero que en Europa se verá en los cines, reconstruye la tormentosa biografía del cómico británico. Dirigida por Stephen Hopkins, está protagonizada por un excepcional Geoffrey Rush, que ejerce de camaleón, físico y vocal, como lo hacía Sellers. Y recrea la patética figura de un actor autodestruido por la cocaína y muerto en 1980, a los 54 años, víctima de un enésimo ataque cardiaco. Emily Watson encarna a su primera esposa; Charlize Theron es la alemana Britt Ekland, su segunda mujer; John Lithgow interpreta a Blake Edwards, y Stanley Tucci revive a Kubrick.


Lluís Bonet Mojica – LV

Editor: Hernando Albornoz. Editado en Buenos Aires, República Argentina. Las notas firmadas no necesariamente reflejan la opinión del editor. Prohibida su reproducción total o parcial (Ley 17.319)

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