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El
monocultivo soja es ecológicamente insostenible
El
monocultivo es ecológicamente insostenible, sanitariamente
peligroso, financieramente inviable, y socialmente insoportable”,
declaró el Ingeniero Agrónomo René Piamonte
Peña, en la Jornada Debate ¿Es sustentable nuestra
agricultura?, organizada por la Facultad de Ciencias Agrarias
de la Universidad Nacional del Litoral, en la ciudad de Santa
Fe.
Piamonte Peña es brasileño, trabajó en
docencia e investigación en universidades de su país,
y actualmente reside en la Argentina, donde se desempeña
como consultor de proyectos para América Latina.
“El monocultivo se basa en la lucha contra la naturaleza,
rompe el equilibrio ecológico, y termina con la biodiversidad.
Con esto perdemos la caja de ahorro de nuestro futuro”,
dijo el brasileño, quien responsabiliza directamente
a “la industria petroquímica de la desaparición
de medianos y pequeños agricultores, del éxodo
rural” y de la pérdida del equilibrio ecológico.
Respecto de las semillas genéticamente modificadas,
hace poco incorporadas en algunos Estados de Brasil, opinó
“que se trata de una tecnología que está
en total contraposición con el desarrollo de una agricultura
sostenible u orgánica: es una tecnología que
dialoga mucho más con los intereses de las empresas
que con los agricultores, y mucho menos con los consumidores.
Es muy claro que con la tecnología transgénica
un país no va a fortalecerse, sí muchos intereses
económicos. Creo que debería reemplazarse por
otras opciones”, agregó.
“La gran pregunta es hasta cuándo es sostenible
este modelo. Qué pasa si los precios de la soja bajan;
qué pasa si China, que es el gran comprador, deja de
querer soja transgénica. Hoy en día es un negocio,
pero qué pasará en el futuro. Por eso apostamos
a otro tipo de agricultura, que tiene más que ver con
el desarrollo rural y con la sostenibilidad económica
local y nacional”, indicó.
Víctor Trucco, presidente de la Asociación Argentina
de Productores de Siembra Directa (AAPRESID),
son “puros cuentos basados en mentiras”
las opiniones que ubican al monocultivo del lado contrario
al desarrollo de un país y de su campo.
Trucco participó del panel “Monocultura y diversidad
permanente” brindando otro punto de vista: la siembra
de soja es una oportunidad, no una amenaza. “Una persona
necesita calorías, proteínas, agua, minerales,
vitaminas, para vivir. La principal proteína del mundo
es la soja y es lo que estamos produciendo: algo que es vital
para el hombre”, dijo.
— Visto de esa manera pareciera ser que la soja viene
a solucionar los problemas de la humanidad.
— No hay panacea. La vida está llena de problemas,
nada más que se superan poco a poco. Antes el 90 %
de la humanidad era miserable, hoy son menos. Los problemas
se van superando.
— Pero todo progreso tiene una contracara, que es la
exclusión...
— Es que en el caso del sector agropecuario las actividades
han cambiado. En Esperanza, Rafaela, San Jorge están
mejor que nunca: no hay desocupación. Lo que pasa es
que hay una cantidad de contenidos ideológicos detrás
de esto. Dicen que solamente es un negocio de las multinacionales...
pero con ese criterio, no tomemos una aspirina, no tomemos
medicamentos de Roche ni usemos tomógrafos computados
porque son de Siemens. A uno le puede gustar que la sociedad
sea así o no, pero no se puede negar que la aspirina
cura el dolor de cabeza. Si no fertilizamos, no sembramos,
vamos a tener una producción similar a la que había
en los ‘40. Pero eso es plata y no vivimos de la plata,
parece. Parece que vivimos de las palabras.
La sostenibilidad de la agricultura
Francisco Caporal, miembro del Departamento Nacional de Asistencia
Técnica y Extensión Rural del Ministerio de
Desarrollo Agrario de Brasil, dijo: “Necesitamos otro
estilo de agricultura”.
Para el funcionario son necesarias nuevas alternativas de
desarrollo sostenible, básicamente enfocadas en el
fortalecimiento de la agricultura familiar. Caporal disertó
en la Jornada ¿Es sustentable nuestra agriculturización?,
en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional
del Litoral.
— ¿Cuál es la experiencia brasileña
en torno del monocultivo de soja?
— Brasil está preocupado por el avance de la
soja hacia la Amazonia, al norte de Brasil, en su zona tropical,
que significa mucho en términos de impacto ambiental.
Creemos que es necesaria una estrategia orientada a la búsqueda
de un desarrollo sostenible, y para eso Brasil está
trabajando en fortalecer la agricultura familiar y la puesta
en marcha de un programa fuerte de reforma agraria. El presidente
Lula lanzó el nuevo Programa Nacional de Reforma Agraria,
por el cual se pretende asentar a más de 100.000 familias
de agricultores. De esta manera se pretende fortalecer la
agricultura familiar, particularmente con más crédito
para ellos y su producción.
Este año el Programa de Créditos para la Agricultura
Familiar aportó 5,4 millones de reales, para impulsar
los programas de producción de alimentos principalmente.
La estrategia es crear acciones de desarrollo sostenible muy
basadas en la agricultura familiar de Brasil.
— Pareciera que la discusión está en si
la siembra directa es la salvación de las economías
o su condena. ¿En qué posición se ubica?
— En ninguna de las dos. De cualquier manera creo que
el debate es que todos los monocultivos son insostenibles.
Y seguramente la soja también. Desde el punto de vista
social, expulsa a la gente del campo; reduce la mano de obra
que se utiliza en agricultura; es insostenible desde el punto
de vista ambiental, porque produce un desequilibrio ecológico
total; y desde el punto de vista económico genera graves
alteraciones.
— ¿Cómo ve el futuro de países
o regiones que actualmente dependen del monocultivo?
— No puedo hablar de la Argentina, pero sí de
la realidad de Río Grande do Sul, que es semejante.
En ese lugar hay una siembra cuatro millones de hectáreas
de soja, que desplazó otros cultivos, principalmente
el maíz. El día en que la soja no sea un buen
negocio para los agricultores, para volver a otros cultivos
será necesaria una inversión del Estado. Y este
es el problema: ¿tenemos la plata para hacer la transición
a otro modelo? Es una pregunta que no tiene respuesta todavía.
— Brasil aceptó hace poco la incorporación
de la soja modificada a sus cultivos. ¿La incorporará
definitivamente?
— Estamos en una fase provisional, porque la ley de
bioseguridad sigue en debate en el Congreso. De cualquier
manera hay soja transgénica sembrada; en Río
Grande do Sul representa el 70 % del total. Pero el debate
sigue: Monsanto comenzó a cobrar a los agricultores
60 centavos de real por bolsa de soja producida, y eso va
a suponer que esta multinacional va a llevarse un montón
de plata. Sin embargo algunos Estados, como Paraná,
prohibieron los cultivos, justamente porque no se puede asegurar
que no cause impactos en la salud, en la ecología,
en el medio ambiente; no hay estudios científicos que
lo demuestren. Incluso algunos estados prohibieron el paso
de la soja modificada por el puerto.
— ¿Socialmente se acepta el transgénico?
— Más del 60 % de la población de Brasil
lo rechaza. Ahora también comenzó a valer la
ley del etiquetado, por la cual todos los productos transgénicos
o aquellos que hayan sido producidos con OGM deben tener una
etiqueta que los identifique.
— ¿Cómo ve el futuro de la agricultura
en nuestros países?
— Creo que hay muchas alternativas y que uno tiene que
trabajar pensando en esas posibilidades. Si estamos hablando
de desarrollo sostenible, éste supone la presencia
de agricultores en el campo, supone ampliar las ocupaciones
en el medio rural, supone tener agricultores manejando el
ecosistema de una forma más adecuada, una agricultura
no agresiva hacia el medio ambiente, que se disminuya la contaminación
de nuestro suelo, nuestra agua; necesitamos otro estilo de
desarrollo y otro estilo de agricultura. Muchos lo están
haciendo; aquí en la Argentina hay muchas experiencias
interesantes de agricultura de base ecológica. Creo
que tiene que pensarse en un programa de mediano y largo plazo,
acordado entre los distintos sectores.
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