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El
monocultivo de soja en Entre Ríos
creció un 250 por ciento en cinco años
El informe Proyecto Siber, realizado por la Bolsa de Cereales
de Entre Ríos, con datos sobre temas tales como fecha
de siembra, grupos de madurez, variedades, cultivo antecesor,
fertilización y enfermedades detectadas, entre otros,
presenta un cuadro preciso de las características del
monocultivo de la soja en la provincia.
El crecimiento abrupto de la zona sembrada desalojó
cultivos tradicionales y produjo una significativa expansión
hacia áreas marginales sustituyendo a otros cultivos,
producciones regionales, e incluso a otras actividades agropecuariasLas
consecuencias, buenas y malas, se verán a mediano plazo
y luego –como
en tantas otras olas exclusivamente comerciales-
se sabrá quienes realmente se beneficiaron, tanto así
como dónde quedó la renta, cómo quedaron
los suelos y a dónde fue a parar la riqueza de la tierra.
La soja de 1ª es aquella que se realiza con barbecho,
mientras que la soja de 2ª es la que se implanta sobre
otro cultivo recientemente cosechado (sin
barbecho). La encuesta reveló que del
total del área destinada a soja, “el 77,86 %
fue de 1ª, mientras que el 22,14 % restante corresponde
a la de 2ª, constituida principalmente por las siembras
sobre rastrojos de trigo y lino”.
La
elección de la fecha de siembra es uno de los principales
factores a tener en cuenta para la obtención de altos
rendimientos. En Entre Ríos las siembras en fechas
óptimas son las que se llevan a cabo durante el mes
de noviembre y la primera quincena de diciembre. De acuerdo
a los datos obtenidos, “el 68,38 % del área destinada
a esta oleaginosa se sembró en fecha óptima,
es decir, desde el 1 de noviembre y el 15 de diciembre, mientras
que el 19,88 % fue implantada en forma temprana, del 16 de
septiembre al 31 de octubre, y solamente el 11,74 % se cumplimentó
en forma tardía”.
La promoción de la siembra directa
tiene otros fines
La incorporación del cultivo de soja transgénica
en las rotaciones agrícolas aportó “un
importante paquete tecnológico” encabezado por
el sistema de producción con siembra directa (SD).
A Entre Ríos se la considera una de las pioneras
en la utilización de esta herramienta, que ha permitido
el uso de los denominados suelos “barreros”, disponer
rápidamente de “piso” luego de las lluvias
para efectuar las labores de siembra y cosecha, y mejorar
las condiciones físicas y químicas de los suelos,
entre otras ventajas. “El 83,26 % de los lotes utiliza
el sistema de SD; mientras que el 16,74 % restante realiza
siembra convencional o una labranza mínima”,
principalmente para emparejar lotes “muy huellados”,
o bien en lotes de pasturas que incorporan cultivos agrícolas
en su rotación.
La calidad de los suelos
Los cultivares difieren ampliamente entre sí en cuanto
a su adaptabilidad a las distintas regiones. Los grupos de
madurez de cada material se adaptan a una franja latitudinal
dentro de cada región, donde se comportan como medios,
cortos y largos. El fotoperíodo (longitud
del día) y la temperatura son factores
que en mayor medida determinan el desarrollo de esta oleaginosa.
Los suelos también condicionan; los de texturas muy
pesadas (como los vertisoles de Entre Ríos),
reduciendo el crecimiento de los cultivares de ciclo corto.
Esto obliga a utilizar en general cultivares de ciclos medios
o largos.
Entre Ríos está entre las latitudes de 31º
y 33º. Los grupos de madurez aconsejados, en consecuencia,
son los de los grupos IV al VIII”, reveló el
trabajo. En los lotes se observó la siembra “de
grupos de madurez desde el III al VIII; el 89,05 % de la soja
sembrada se compone por variedades de los grupos IV, V y VI.
El grupo VI aparece con mayor frecuencia y su participación
es del 56,13 %, seguido por los grupos V y IV con el 17,58
% y el 15,34 %, respectivamente”. Las variedades más
sembradas fueron A 6445 (34,88 %),
A 4910 (10,02 %), y A 6040
(9,90 %). La suma de las tres representa
el 54,8 % de las sojas implantadas.
OGM o nada
En el informe señala que “el crecimiento experimentado
por la implantación de soja no sólo es producto
de la relación muy favorable de precios y una fuerte
y sostenida demanda, sino también debido a su gran
plasticidad y facilidad de manejo (sojas genéticamente
modificadas: MONSANTO), que hicieron que el sector
agrícola, en las últimas campañas, se
haya embarcado en la “especialización sojera”,
no buscada ni planificada (¿)
sino más bien, fruto de los avances e innovaciones
tecnológicas, lo que le ha permitido una significativa
expansión hacia áreas marginales sustituyendo
a otros cultivos, producciones regionales, e incluso a otras
actividades agropecuarias”.
En la geografía entrerriana, se remarca, el crecimiento
en la superficie sembrada con soja “se hace más
que evidente al haber evaluado en la presente encuesta, cuáles
son los cultivos antecesores de esta oleaginosa”. Los
valores porcentuales se refieren a número de lotes
y no a superficie. Los resultados evidencian el “monocultivo”
ante el elevado porcentaje de ”antecesor soja”,
cuyos guarismos alcanzan el 40 % de los lotes relevados.
A ello hay que sumar la contribución interesada de
la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa
(AAPRESID), en combinación estrecha
con las políticas comerciales de la empresa Monsanto,
que desde hace una década no cejan en su esfuerzo conjunto
por imponer los OGMs. N. de la R. (Ver nota aparte)
Otro indicador de fácil consulta es la evolución
de la soja versus los cultivos que usualmente forman parte
de las rotaciones agrícolas entrerrianas. La escasa
rotación de los cultivos de los últimos seis
ciclos agrícolas se evidencia al examinar la gradual
disminución en la superficie implantada con cultivos
de fina y gruesa, versus el área destinada a la producción
de soja.Mientras que la sumatoria acumulada de hectáreas
sembradas de sorgo, maíz y girasol ha sufrido una gradual
disminución (partiendo de 416.000 hectáreas
en 1998/99 a 308.000 hectáreas en 2003/04),
el área destinada a soja ha experimentado un crecimiento
del 251,7% en el mismo período (324.450
hectáreas en 1998/99 a 1.141.200 hectáreas en
2003/04).
La superficie destinada a cosecha fina (trigo
y lino) se ha mantenido relativamente estable,
con fluctuaciones y una fuerte caída en la campaña
2002/03 como consecuencia de la fusariosis, cuando se concretaron
solamente 258.200 hectáreas, y un máximo verificado,
de las últimas seis campañas, en la 2001/02
con 431.780 hectáreas. La dosis más empleada
por los productores para la fertilización del cultivo
promedió 50 kg/ha; empleando en la mayoría de
los casos alguno de los siguientes fertilizantes: superfosfato
triple, fosfato monoamónico o diferentes tipos de mezclas.
Las dosis mínima aplicada fue de 30 kg/ha, mientras
que los máximos valores aplicados fueron de 70 kg/ha.
Para el estudio fueron relevadas 378.780 has, cifra que representa
un 33 % del área implantada en la presente campaña
en Entre Ríos. De la superficie encuestada, el 78 %
corresponde a los departamentos del sur y sudoeste provincial,
área tradicionalmente agrícola (trigo-maíz).
El estado sanitario
Sobre las enfermedades detectadas en el cultivo de soja en
la provincia, se concluye que durante el ciclo 2003/04 “el
estado sanitario general fue bueno”. Del total encuestado
en este ítem se hace referencia al número de
lotes con problemas sanitarios y no al total de hectáreas
relevadas, aclara el informe. El 39,92 % de los lotes no presentaron
problemas sanitarios, el 45,91 % fueron afectados por enfermedades
foliares, y sólo el 14,17 % enfermedades de raíz.
Con respecto a las enfermedades de raíz, que se presentaron
sólo en el 14,17% de los lotes, la afectación
fue leve en el 55,70 % de los casos, y solamente un 0,25 %
severa. Del 45,91 % de los lotes que manifestaron síntomas
de enfermedades foliares, el 73,01 % de los mismos presentó
muy bajo nivel de afectación y, únicamente el
0,54 %, fue severa.
En la etapa de implantación en noviembre se registraron
algunos casos puntuales en la región centro-este de
“muerte de plántulas” (damping-off)
por un complejo de hongos con predominancia de Phytophthora
sojae en suelos arcillosos, con exceso de agua en el perfil
y bajas temperaturas del suelo.
En
las siembras de diciembre, por el contrario, con déficit
hídrico luego de la ocurrencia de lluvias se detectó
como frecuente al hongo Rhizoctonia que produce además
el “estrangulamiento del cuello”. Durante los
estados vegetativos tempranos hasta V9 en la última
semana de diciembre de 2003 y las primeras de enero de 2004,
después de la ocurrencia de lluvias de entre 60 y 100
milímetros, se registró un “marchitamiento
abrupto” de las plantas en toda la provincia, especialmente
en suelos arcillosos con historias previas de soja, en áreas
compactadas del lote y con temperaturas anormalmente bajas
para esa estación del año. La causa principal
fue la presencia del hongo Fusarium oxysporum.
Durante
todo el ciclo y hasta R6 las enfermedades foliares típicas
no fueron importantes; se observó, sin embargo, un
incremento de las enfermedades de origen bacteriano (pústula
y tizón). Los niveles de mancha marrón
(Septoria glycines) y tizón
foliar (Cercospora kikuchii) fueron
leves y moderados, respectivamente. A mediados de febrero,
inusualmente se observaron algunos lotes afectados por oídio
(Microsphaera difusa) que en algunos casos
debieron ser controlados químicamente. En marzo, por
último, las hojas del tercio medio y superior evidenciaron
las típicas manchas amarillo verdosas del “mildiu”
(Peronospora manshurica) pero ya
con una importancia relativa debido al estado avanzado en
la fenología del cultivo.
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