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El gas, la última oportunidad
que tiene Bolivia para proyectarse como nación

 


Por José Carvallo Aravena *


En los tiempos modernos, el desarrollo de las sociedades está íntimamente ligado al uso de los energéticos. La Revolución Industrial no hubiera sido posible sin la hulla y no hubiera alcanzado los niveles que tuvo sin los hidrocarburos. Su control ha sido la causa de la mayor parte de las guerras en las dos últimos siglos.


No puede concebirse en la actualidad una sociedad moderna sin una adecuada política energética y como es natural, en torno a ella se han generado polémicas que han trascendido al aspecto puramente técnico e incursionaron en el político.


"Gran parte del progreso industrial moderno reposa en el petróleo. Sin combustible y energía, sería imposible la existencia del poderoso organismo industrial que sustenta el progreso humano y prepara el advenimiento de nuevas y más avanzadas formas de organización", afirma a propósito Sergio Almaraz en "Petróleo en Bolivia".

En el caso de Bolivia, el debate sobre los hidrocarburos, se remonta a las postrimerías del siglo XIX y es en la tercera década del siglo XX cuando se comprende que estaban llamados a fijar, en buena medida, el desarrollo del país.

La Guerra del Chaco, tuvo como una de sus causas, no la única, el control de los recursos hidrocarburíferos del Chaco. Bolivia y Paraguay ligaron a sus aspiraciones geográficas al control de dichos recursos comprendiendo que su desarrollo tenía como elemento indispensable una base energética.

La Standard Oil y la Royal Dutch Shell pusieron sus intereses monopólicos, Bolivia y Paraguay pusieron los muertos. Sergio Almaraz afirmaba que no existe producto como los hidrocarburos cuyo control esté concentrado en tan pocas manos. Un grupo de oligopolios, cuyo número no sobrepasa el de los dedos de la mano, determina los precios, controla los campos y la producción y, en suma, controla los destinos del mundo.

Este aspecto es básico para comprender la problemática de los hidrocarburos, un tema en el cual la soberanía, la autodeterminación, principios básicos de la convivencia entre las naciones, han sido frecuentemente vulnerados y desconocidos en aras de los intereses supremos de las empresas petroleras multinacionales.


Bolivia y los hidrocarburos


Los primeros trabajos de prospección y explotación petrolera, se iniciaron en Bolivia el año 1895, en la zona de Incahuasi, departamento de Chuquisaca, aunque es recién en 1916 y 1920 que las empresas Farquardt
(inglesa) y Calacoto (chilena) realizan los primeros intentos serios de exploración en Cuevo y Charagua (Santa Cruz) y en Pacajes (La Paz), sin obtener resultados positivos.

Es así que hasta 1925, la producción hidrocarburífera en el país era ínfima, aún cuando desde 1916 se otorgaron concesiones que llegaban a las tres millones de hectáreas. Se daba de este modo la paradoja que la más moderna maquinaria de explotación minera, en ese entonces la única base de la economía nacional, era activada por combustibles primitivos como el estiércol y leña.

El primer intento coherente de normar la explotación de los hidrocarburos se da en 1921, año en el que, el 2O de junio, es dictada la Ley Orgánica del Petróleo. Esta primera disposición contiene en su artículo 1, un precepto que se mantendría en las posteriores legislaciones y que en la actualidad sigue constituyendo un aspecto básico: que los hidrocarburos son de propiedad del Estado.

Se incluyen, además aspectos que continúan vigentes hasta hoy en las sucesivas legislaciones petroleras como la obligación de producir un volumen determinado a partir de un plazo establecido.

En el artículo 40 de dicha norma y a despecho del credo liberal que la inspiraba, se establecía que "el gobierno vigilará la explotación de los yacimientos y fiscalizará las operaciones de las empresas, no sólo para asegurarse en la participación de impuestos, sino también para organizar convenientemente la industria en beneficio nacional, y para combatir el acaparamiento de la producción, transporte, almacenaje y comercio del petróleo, sus similares y sus derivados".

En el tema impositivo la Ley Orgánica del Petróleo en su artículo 39 señalaba " Las compañías que se organicen para la exploración o explotación de yacimientos petrolíferos y sus similares tendrán domicilio legal en la República, y estarán sujetas a todas las obligaciones existentes o que se estableciesen en lo sucesivo". Reforzando este criterio, en el artículo 47 se dispuso que "las concesiones quedarán sujetas a los impuestos creados o por crearse".

A pesar de que las disposiciones contenidas en la Ley Orgánica del Petróleo, eran evidentemente favorables a los intereses del país, ni el Estado boliviano ni las empresas la respetaron. El contrato suscrito en 1922 con la Standard Oil daba a esta empresa ventajas que estaban lejos de su letra y espíritu. "La nueva ley nació muerta", afirma en forma contundente Sergio Almaraz.


La guerra del Chaco y la Standar Oil


De acuerdo al contrato, la Standard Oil tenía dos años improrrogables para proceder a la ubicación definitiva del millón de hectáreas objeto de la concesión y cumplido este término debía entrar en el periodo de explotación, dentro del cual estaba obligada a perforar un pozo por cada 50 mil hectáreas y producir dos millones de barriles anuales de petróleo.


Según Almaraz, el incumplimiento de estas cláusulas estaba penado con multas y con la reversión parcial al Estado de los yacimientos no explotados. Además, en el periodo de explotación, los impuestos eran más altos.

Esas cláusulas nunca se cumplieron. De esta forma, la intención del contrato, que era conseguir mayores recursos para el país provenientes de la explotación del petróleo, quedó frustrada y no se cumplió la esencia misma del contrato a pesar de que la Standard produjo importantes cantidades de petróleo.

El diputado Pedro López, citado por Sergio Almaraz, sostuvo que la Standard Oil defraudó al Estado boliviano entre 1922 y 1936, en dos millones de bolivianos. Pagó 1.003.000 bolivianos cuando debió haber pagado 3.202.000 bolivianos. Estas cifras corresponden a la moneda de la pre-guerra.

Durante la guerra del Chaco, la empresa proclamó su "neutralidad", frente al conflicto y trató de preservar su "derecho" a continuar haciendo buenos negocios, ya sea vendiendo combustible a precios altos al ejército boliviano o, en su caso, asegurándose se respeten sus concesiones en caso que Bolivia sea derrotada y que el Paraguay llegue a los campos petroleros.

Bolivia fue derrotada pero no llegó a los campos petroleros y la presencia de esta empresa en el país fue unánimemente cuestionada en el periodo de las post guerra.

Según Almaraz en el Petróleo en Bolivia, el senador estadounidense Huey Long, en 1934, no ahorró adjetivos hacia la Standard Oil a la que calificó como "criminal, malhechora, asesina, fascinerosa, conspiradora internacional" y a sus directivos como "hato de salteadores y ladrones rapaces, conjunto de vándalos y ladrones".


El nacionalismo de la post guerra


La evidente doble moral con la que actuó la Standard Oil durante la Guerra del Chaco y las visibles contradicciones de la economía nacional, movió la conciencia del país y tuvo su expresión en un movimiento que fue descrito como el "nacionalismo de la post guerra".

"Fue un movimiento popular al que se sumaron los obreros, estudiantes, intelectuales democráticos que buscaban la transformación de la estructura económica y política del país, y a este movimiento se debe la acción más importante de la historia boliviana: la nacionalización del petróleo", escribe Almaraz.

El 13 de marzo de 1937, el Presidente David Toro dicta una Resolución Suprema declarando la caducidad de las concesiones petrolíferas de la Standard Oil y la reversión de todos sus bienes al Estado, representado por la recién creada Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, (YPFB).

La empresa recurrió a todos los medios a su alcance para anular la medida y amenazó con recurrir ante la Corte Internacional de La Haya pero al final el caso llegó a la Corte Suprema de Justicia, la cual se movió entre dos presiones: las de la propia empresa y las del movimiento popular, que según Almaraz "estaba convencido de que no se trataba solamente de la defensa de una riqueza; el significado de la lucha era mayor, pues se trataba de hacer respetar al país y sus leyes, de defender la dignidad nacional y el derecho de proclamarse ciudadanos de una nación soberana".

Al final, la Corte Suprema dictó una sentencia que fue descrita por académicos cochabambinos como "asexuada e inocua", por cuanto deslindaba las responsabilidades de la Standard sobre las acusaciones más graves como el de defraudación al Estado, sobre cuya base, en lo posterior, la empresa pretendió una indemnización.


YPFB, un hito en la defensa de los recursos


El 21 de diciembre de 1936, mediante Decreto-ley, es creada Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos empresa a la que se le encarga "la exploración y explotación del petróleo y sus derivados dentro de las zonas que se le asignasen especialmente: como también la comercialización, transporte y exportación del petróleo y sus derivados dentro de todo el territorio de la República".

Durante el periodo previo a la Segunda Guerra Mundial y durante todo el desarrollo de este, siguiendo los conceptos de la política del "buen vecino", impulsada por el presidente de EE.UU, Franklin Delano Rossevelt, ese país olvida los "agravios" contra la Standard e impulsa el fortalecimiento de YPFB, dándole, además, el papel de gestor del desarrollo industrial, utilizando los recursos que generaba para lograr la diversificación económica, para lo que se crea la Corporación Boliviana de Fomento.

El 15 de noviembre de 1946, se firma un contrato entre YPFB y la Foster Wheeler Co. para la instalación de una refinería en Cochabamba y en febrero de 1947 se firma otro para la construcción de otra refinería en Sucre.

Existía la conciencia de que poco valía disponer de los hidrocarburos si es que no se podía refinarlos, con plena soberanía sobre este proceso.


El 26 de octubre de 1955 el gobierno de Víctor Paz Estenssoro aprueba el nuevo Código del Petróleo en el que se levanta la reserva fiscal. "La nueva Ley modificó la tradición jurídica boliviana de los últimos 35 años en materia petrolera colocando al país en el punto de partida: 1920", dice Sergio Almaraz.

De este modo, la política nacionalista aplicada en la minería no tenía un reflejo en la política en materia petrolera por cuanto el capital nacional no tenía posibilidades de emplearse en la explotación del petróleo debido a la naturaleza de las condiciones que establecía el Código.

De acuerdo a la nueva Ley, el Estado tiene una participación del 11 por ciento por concepto de regalía, aspecto que es determinado por el artículo 104 que indica "Corresponderá al Estado una participación o regalía del 11 por ciento del petróleo crudo, gas natural, asfalto natural y demás sustancias extraídas y aprovechadas por el concesionario. Dicha participación será medida en el campo de producción". Además de la regalía, el Código del Petróleo, señala un impuesto fijo del 30 por ciento sobre las utilidades líquidas.


Sin embargo, el artículo Octavo dejaba serias dudas sobre la capacidad del Estado para definir una política hidrocarburífera y afectaba su soberanía. En el se disponía que "El concesionario representará al Estado en la exportación del producto crudo y sus derivados".


Almaraz califica como "extrañas", las facultades que otorga a las petroleras el artículo 8 ya que equivalen a otorgarles un cierto status para orientar la política exterior boliviana.

Considera, además que "las líneas defensivas de la economía del país contra la penetración de los monopolios extranjeros, ha recibido un golpe de muerte. "La riqueza más importante de Bolivia, la que según todas las evidencias, se transformará más o menos pronto en el eje de la economía nacional, ha pasado graciosamente a manos del capital extranjero".

La opinión de Almaraz sobre la legislación petrolera aprobada en el gobierno de la Revolución Nacional es absolutamente crítica. "No hay ningún documento de la historia económica boliviana más falto de sensibilidad para la defensa de los intereses nacionales y más patéticamente indiferente para con el futuro de Bolivia que esa infortunada Ley", afirmaba.

Sin embargo, el resultado no podía ser otro. Los abogados que redactaron el Código son miembros de la oficina jurídica norteamericana "Shuster and Davenport". El denominado Código Davenport pasó a ser sinónimo de entreguismo y de evidente desprecio de los intereses nacionales en beneficio de los de las empresas transnacionales.


La Gulf


Como una consecuencia lógica de dicho Código, se firman el 23 de mayo de 1956 con la Gulf Oil Company, los contratos llamados de "Financiación de Oleoductos" y "Contrato de Operación". El primero se refiere al préstamo de cinco millones de dólares que recibirá YPFB para la construcción del oleoducto Sicasica-Arica y el segundo establece las bases de la concesión otorgada a la compañía norteamericana para la exploración de un área ubicada en la zona asignada a YPFB.


A partir de la década de los 60 surge una generación de intelectuales bolivianos de izquierda, que toma como eje central de su propuesta, la defensa de los recursos naturales.


La nacionalización de la Gulf y "no perder el gas" se constituye en la principal bandera de ese grupo, que recoge el ideario de Adolfo Perelman, estaba encabezado por Sergio Almaráz y tenía como a sus principales exponentes a René Zabaleta Mercado, Marcelo Quiroga Santa Cruz y José Ortíz Mercado, entre otros.


En 1970, durante el gobierno del Gral Alfredo Ovando y cuando Marcelo Quiroga Santa Cruz, ocupaba el cargo de Ministro de Energía e Hidrocarburos, se decide la nacionalización de la Gulf, en medio de una trama de características novelescas. La empresa no estaba dispuesta a renunciar fácilmente a sus intereses y se presentaba en el país una aguda polarización entre dos concepciones distintas de país. Una que confiaba más en la fuerza del capital extranjero y otra que radicaba sus esperanzas en la capacidad vital del país.


En esa etapa, las universidades juegan un papel de primer orden hacia el esclarecimiento del rol que deben jugar los hidrocarburos en el desarrollo nacional.


En el Foro Nacional sobre el Petróleo y Gas, realizado el 5 de diciembre de 1967 en la Universidad Mayor de San Simón, en Cochabamba, Sergio Almaráz, afirma que Bolivia es más gasífera que petrolera y plantea ya interrogantes sobre su futuro uso lanzando la propuesta de establecer una industria petroquímica.


Las reservas, en esa época, aún no permitían vislumbrar la posibilidad de exportar el gas al Brasil, pero si a la Argentina con un volumen de 300 millones de pies cúbicos al día, con lo que se obtendría un ingreso bruto equivalente un tercio del obtenido por las exportaciones de estaño, para ese año, es decir, aproximadamente 25 millones de dólares.


La posibilidad de instalar una planta petroquímica fue planteada de forma explícita. En una primera etapa estaría dirigida a la producción de fertilizantes y explosivos.


Gas al Brasil


El Foro-Debate "Gas, petróleo y Miseria" desarrollado también en la Universidad Mayor de San Simón del 7 al 11 de noviembre de 1978, aprobó un documento en que se afirmaba "que la venta de 400 millones de pies cúbicos diarios de gas natural al Brasil, constituye un atentado a la economía nacional que posterga temporal o definitivamente la industrialización nacional, principalmente en lo referente a los programas petroquímicos y siderúrgicos. El total de las reservas para esa época estaba calculada en 4.5 trillones de pies cúbicos.

La Ley General de Hidrocarburos dictada durante el gobierno de facto de Hugo Banzer establece la figura de los Contratos de Operación en el que las contratistas obtendrán hasta un 50 por ciento de los beneficios.

Teniendo como base esta disposición, el gobierno de Banzer inició en 1974, a pesar de la oposición de la gran mayoría de las organizaciones populares, los primeros contactos para concretar la venta de gas al Brasil, en oportunidad de la visita que realiza el país el presidente Ernesto Geisel. Dos años antes se había iniciado la venta de gas a la Argentina.

Posteriormente son suscritos los protocolos, en 1978 entre Ernesto Geisel y Juan Pereda; en 1984 entre Joao Batista Figueiredo y Hernán Siles Suazo y en 1988 entre José Sarney y Víctor Paz Estenssoro. La exportación al Brasil se inicia, finalmente, en 1998. Banzer, esta vez sin oposición, culminaría la acción que inició 26 años antes.

El periodista Andrés Soliz Rada, que fue una de las cabezas más visibles de la oposición a la venta de gas al Brasil en 1984, esta vez era parte de un partido miembro de la coalición que sustentaba a Banzer.

El debate sobre los hidrocarburos no ha concluido. Es más, apenas comienza y es necesario conocer todo cuanto se ha avanzado ¿o retrocedido?, en la formulación de una verdadera política nacional sobre los hidrocarburos.

Ningún recurso natural ha generado mayor debate que el gas. Este aspecto tiene razones históricas y existe una conciencia de que este recurso no debe ser desperdiciado porque en el se basa la proyección y viabilidad de Bolivia como nación.

Como es natural, en el curso del debate, se han generado diversas y encontradas posiciones, que en lo esencial no difieren de aquellas generadas desde fines de los años 60, cuando se comenzó a discutir sobre la pertinencia de exportar gas a la Argentina y se daban los primeros pasos para hacerlo hacia el Brasil.

En el curso del debate histórico existen elementos comunes: el volumen de las reservas, la propiedad sobre este recurso y las posibilidades de industrializarlo. En el último tiempo, el tema de la reivindicación marítima, ha estado directamente ligado al problema gasífero.

Los elementos están sobre el tapete. Corresponde a los bolivianos asumir una decisión de carácter histórico. El gas se presenta como la última oportunidad para proyectarnos hacia el futuro como nación. (ABI)


Nota.- Todas las citas corresponden a la obra de Sergio Almaráz, Petróleo en Bolivia, editorial El Siglo, 1969, La Paz, Bolivia.
* Periodista de la ABI

Editor: Hernando Albornoz. Editado en Buenos Aires, República Argentina. Las notas firmadas no necesariamente reflejan la opinión del editor. Prohibida su reproducción total o parcial (Ley 17.319)

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