Una
tropa integrada por un puma, una mona, una boa pitón,
un loro, un guacamayo, una tortuga de tierra y otros 'invitados'
ocasionales, recorre escuelas, hospitales y hogares infantiles
en la Argentina para probar que los animales además
de alegrar son una terapia sorprendente.
Al volante de una camioneta con un tráiler, con música
a todo volumen, la especialista en fauna silvestre Andrea
Valido visita instituciones de menores dispuesta a transmitir
a los chicos todos sus conocimientos sobre el reino animal.
Para muchos de los niños que visita se trata de la
primera vez que pueden ver de cerca un animal o acariciarlo.
"Comencé con esto hace unos ocho años,
para conjugar mi vocación por la asistencia social,
el trabajo con chicos especiales y la educación con
mi pasión por los animales", dijo Andrea, de 34
años, autodidacta de la fauna silvestre.
Esta mujer cría y adiestra animales en el Zoológico
de la ciudad de Florencio Varela (24
kilómetros al sur de Buenos Aires), organismo
que a cambio de publicidad le presta algunos de sus animales
para su zoológico móvil.
"Una de las experiencias más emocionantes para
mí es cuando visito las guarderías de las cárceles
para mujeres. Los niños viven allí hasta los
cuatro años y la mayoría nunca salió
ni vio un animal. Entonces llego y sonríen, se sorprenden...
Es maravilloso", destaca la creadora de esta iniciativa
sin fines de lucro, que financia "a puro ingenio y pulmón".
En cada presentación, además de la posibilidad
de acariciar a Satanás, una pitón de ocho años,
los chicos reciben en forma didáctica información
sobre cada especie y su hábitat, y la lección
de que "los animales silvestres no son para tenerlos
en casa, no son mascotas"."Esta es una tarea que
tiene riesgo, porque no dejan de ser animales.
La diferencia es que están criados por mí en
el zoológico, están adaptados a estar con el
hombre, a viajar y, aunque parezca mentira, puedo garantizar
que ellos verdaderamente disfrutan del contacto con los chicos",
señala Andrea.
La adiestradora comenta que los chicos que visita, muchos
de ellos internados en hospitales y en instituciones, "no
sólo se alegran por ver y tocar a los animales sino
también porque casi nunca nadie los va a visitar y
esto ya es todo un acontecimiento para ellos".
Andrea aprovecha sus conocimientos de los animales silvestres
para aplicarlos en la zooterapia para niños discapacitados
y autistas.
"Esta es una tarea más personalizada, con una
continuidad en el tiempo y fascinante. Logramos diferencias
motrices y en el habla. En la Argentina se hace zooterapia
con caballos y perros, pero las reacciones que genera en estos
chicos un animal como una boa son mucho más rápidas
y notorias", explica.
Relata la experiencia con una niña que tenía
pánico a relacionarse con la gente, fobia a salir de
su casa, y que, gracias a contactos periódicos con
los animales del zoo móvil, fue modificando la conducta
hasta relacionarse con las personas.
Andrea explora ahora los horizontes de la programación
neurolinguística trabajando con Kim, un ex chimpancé
de circo.
También es productora y presentadora del programa de
la televisión local 'Zoobichos', monta espectáculos
educativos con animales con el patrocinio de una cadena de
supermercados y tiene entre sus proyectos el desarrollo de
una reserva de fauna en la provincia de Buenos Aires.
Cuando vuelve a casa, la esperan sus dos hijos, varios perros
y cotorras, una cobaya, dos anguilas y algún murciélago
u otro animal malherido, que ella misma se encarga de curar
y rehabilitar.